Alimentarse bien es vital para que los niños tengan una adecuada nutrición para potenciar el desarrollo intelectual. Los expertos en nutrición recomiendan comidas ricas en hidratos de carbono para que el cerebro funcione correctamente, sobretodo en edad preescolar (ver aparte). Pero ¿cómo llevarlo adelante en un país con alrededor de 340.000 chicos con riesgo de malnutrición y con políticas públicas que no se destinan a garantizar -al menos- un plato de comida diario?
Facundo Manes, director del Centro de Estudios de la Memoria y la Conducta (Ineco) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, explica que el tiempo entre la concepción y los 3 años es un período sensible en el que el cerebro percibe experiencias que influyen drásticamente en el desarrollo cognitivo. La desnutrición y la malnutrición están asociadas a alteraciones en la actividad de los neurotransmisores, sustancias químicas que median la comunicación entre neuronas.
“En esta etapa el cerebro se está formando y requiere una adecuada nutrición, por eso es vital entenderlo y actuar en consecuencia”, afirma.
Según el especialista, el efecto de la desnutrición y malnutrición se potencian por una ingesta pobre de nutrientes como proteínas, zinc, ácidos grasos esenciales y hierro.
Y agrega que la anemia por falta de hierro, imprescindible para la síntesis de la dopamina (neurotransmisor), es la carencia nutricional más frecuente en Argentina.
“En nuestro país existen 340.000 chicos a los que, por mala alimentación, les estamos restringiendo las capacidades y las oportunidades de un futuro mejor”, dijo y agregó que “las deficiencias en la alimentación se previenen con políticas públicas”
Un estudio del Cippec, que abarca los 25 años siguientes a la recuperación democrática, relevó los programas alimentarios nacionales implementados y demostró que no se ha logrado una articulación entre los distintos actores que participan en el diseño y la ejecución de dichas políticas.
Según cifras del INDEC, una familia tipo debió destinar 1.095,26 pesos mensuales para mantenerse sin caer en la pobreza.
El experto expresa que si se considera que ese gasto se utilizó exclusivamente para la alimentación de una familia tipo, se llega a un valor de 36,50 pesos diarios para un consumo familiar de 7.700 calorías.
“Entonces, si se calcula la proporción por niño, la nutrición adecuada de un niño menor de 5 años costaría 7 pesos”, considera.
Sólo 7 pesos, un gasto ínfimo, pero que depende de la voluntad y el compromiso político real para llevarlo adelante.
Para pensarlo dos veces
El cerebro gasta el 30% de la energía que usa el cuerpo y una de las características más relevantes es que es incapaz de almacenar carbohidratos como reserva energética, para luego utilizarlos en el momento requerido. A diferencia del resto de los órganos, que obtienen su energía de otros nutrientes como las grasas, la única fuente válida de energía para el cerebro son los carbohidratos que el organismo transforma en glucosa.
Cecilia O’Connor, nutricionista, asegura que “ahora que reinician las clases es fundamental que las madres tengan en cuenta alimentos de mayor valor agregado para el cerebro y para el rendimiento intelectual”.

