En 1827 habíamos dejado de tener aspiración de independencia. De independencia continental, como la que San Martín y Bolívar tuvieron, como la tenía la gente común, como el Capitán Atanasio Duarte que recordaba haber exclamado “Viva nuestra gloriosa América del Sur” cuando se enteró de los sucesos de mayo del 10, como la tuvieron en cuenta quienes, bajo la influencia de Artigas, redactaron las constituciones de Entre-Rios, Santa Fe y Corrientes, poniendo en igualdad de ciudadanos a “cuantos hubiesen nacido en los ex-dominios españoles”; como la que se había impuesto cuando en 1816 se declaró la independencia de Las Provincias Unidas NO “del Río de la Plata” sino, con vocación de integración, en Tucumán se independizaban LAS PROVINCIAS UNIDAS DE SURAMÉRICA.
Y esto involucraba a TODOS, por eso el acta de la independencia se redactó en castellano, quechua, aymara y guaraní.
Pero en 1827 gobernaba Rivadavia y su visión se reducía a Buenos Aires, su embellecimiento y los negocios que la especulación de la bolsa de Londres inflaba fabulando con nuestras tierras feraces y nuestras minas donde el oro se barría con la escoba.
Buenos Aires se fascinaba con esos proyectos rosados de prestigio y riqueza, soñando con un futuro europeo. Pero no todo Buenos Aires.
Ambulaba una negra pidiendo limosna en las iglesias. Una negra ya vieja, con cicatrices visibles y que desvariaba un poco. Se hacía llamar “La Capitana” y decía que sus heridas, de balas, de lanzas y hasta de azotes las había recibido “cuando de verdad se peleaba por la Patria”.
Una tarde, el General Viamonte, héroe de la independencia, que había peleado junto a Belgrano en la campaña del alto Perú se la encuentra; se dice en los arcos de la vieja recova. Pese a ser ya vieja, más vieja por sufrimientos que por edad, Viamonte creyó reconocerla y le pregunta su nombre.
“María Remedios del Valle” le responde la andrajosa negra.
¡PERO SI ES LA MADRE DE LA PATRIA!, exclama asombrado.
Aquella “Loca”, para los que comían todos los días y dormían en una casa, aquella negra andrajosa a la que con unas pequeñas monedas se la podía borrar y continuar por el camino blanco de la virtud ciudadana tenía méritos suficientes para ser llamada “La Madre de la Patria” y compartir unas décadas después la paternidad de José de San Martín, al que con más suerte se lo llamó “El padre”.
Se sabe que en 1807 actuó en la defensa de Buenos Aires contra los invasores ingleses como auxiliar en el cuerpo de Andaluces.
Luego se incorporó, junto a su familia, esposo y dos hijos que allí quedaron para siempre, al ejército que el mando de Belgrano fue al Alto Perú.
Allí sufrió derrotas, tuvo una heroica actuación en Ayohuma, donde combatió fusil en mano y fue herida, cayó prisionera; estuvo en el éxodo jujeño y cuando el ejército de Belgrano esperó al enemigo en Tucumán, pidió estar en primera línea para atender a los heridos. Belgrano no se lo permitió pero ella se filtró y estuvo donde quiso. Desde ese momento los soldados comenzaron a llamarla “La Madre de la Patria” y Belgrano la nombró Capitana.
Viamonte pidió que se le reconocieran los servicios, cosa que finalmente se hizo pero nunca recibió los auxilios económicos que tan notoriamente necesitara.
Se sabe que Rosas la vuelve a incorporar al ejército y su muerte se pierde en el anonimato de la pobreza.
Olvidada por la historia oficial, tal vez por su doble calidad de mujer y negra, por estos días, cuando se habla de tantas mujeres heroicas en todo el mundo, bien vale rescatar del ostracismo a esta mujer a quien los soldados de Belgrano bautizaran como “La Madre de la Patria”.


25 Julio 2010 12:49
Me gustó el comentario. Escribo relatos y estoy interesada en escribir algo acerca de esta mujer. me falta la información de su nacimiento lugar y fecha. Podrían enviarmela o decirme donde conseguirla?.Gracias.
23 Agosto 2010 15:01
Marta Susana, por lo que he estado leyendo en unos libros de historia de le enfermería; no hay datos biográficos sobre esta mujer (no sé de sus hijas, las niñas de Ayohuma).
Al parecer,Viamonte no sólo había pedido el reconocimiento del calrgo militar de esta mujer sino también que se escribiese su biografía. Promesas hechas y nunca cumplidas por los políticos de aquellas época. Para aclara mejor esto, la informaciónestá en “HISTORIA DE LA ENFERMERÍA” de María Teresa Molina.
24 Agosto 2010 21:44
holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa falsa biografia che pongan cuando nacio y cuando muriooooooooooooooooooooooooooo lo necesitooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!:s
09 Junio 2011 18:03
La historia real es cruel, me pasa cuando estudio el caso de Martina Céspedes, otra heroína de la defensa de Buenos Aires, le demolieron la casa, la placa puesta en su honor y ni una calle tiene,cuando capturó 12 ingleses,con sus armas y pertrechos, ojala fuera mi pariente.Eduardo Céspedes