Lunes 05 de Julio de 2010
Desusado… La decisión de una mujer

G. P. una mujer de Baradero, trabajaba en una empresa multinacional ocupando un puesto de importancia que seguramente era la envidia de muchos. Tenía un sueldo que para algunos sería entre bueno y muy bueno, viajaba con frecuencia, incluso fuera del país. Era, lo que podría decirse, una empleada afortunada y que haría carrera dentro de la empresa.

En los últimos tiempos, su salario comenzó a retrasarse y, en casos, algunas personas recién ingresadas, percibían un sueldo similar al de ella que hacía una década que trabajaba y que decidía cuestiones de gran importancia para la economía de esa multinacional.

Como a G. P. le agrada viajar, todo tiempo que tenía libre lo usaba precisamente para eso y así fue que conoció a un hombre del cual se enamoró, cosa que para nada pueda llamarnos la atención ya tal cosa sucede de manera permanente en todo el orbe, pero en este caso existe una particularidad importante. El muchacho se domicilia en una de nuestras provincias más pobres, la que G. P. visitaba con frecuencia por lazos familiares y por amor a la gente que la habita.

Hace pocos días, G. P. se presentó ante sus jefes y les comunicó que renunciaba a su puesto. Que había decidido radicarse junto a su pareja en un pequeño pueblo de nuestro territorio en el cual vivirá junto a quien ha elegido. Además les hizo una advertencia a sus superiores: “Me voy de la empresa y, por favor, no vengan ahora a decirme que me aumentan el sueldo. Lo tomaría como una falta de respeto”. En una época en que lo monetario parece ser lo único que importa, G. P. le asignó más importancia al amor que al dinero y “la carrera”, dando por tierra con miles de aseveraciones que aseguran que lo contrario siempre prevalece.

En uno de sus poemas, el magnífico poeta Leopoldo Lugones, refiriéndose a un soldado de la época de nuestras guerras civiles, hace el elogio de una decisión que tomara. Condenado a muerte, el que iba a ser fusilado tiene la opción de que su pena le sea conmutada por prisión perpetua si alguna mujer lo pedía en matrimonio, y así ocurre, pero ante la sorpresa generalizada, el que está próximo a morir pide ver primero quién es la que lo pretende. Le sacan la venda y entonces advierte que se trata de “Ña Justa, la pastelera/ parda, jamona y de yapa,/ bizca por su mala suerte” entonces decide que es mejor morir fusilado razón por la cual Lugones termina su poema diciendo: “No sé que creerán ustedes pero tengo para mí/ que merece algún respeto quien supo morir así.”

Parafraseando al poeta solariego, decimos también nosotros que merece gran respeto quien supo marcharse así.

Leopoldo Lugones.

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