Hay varias historias que recorren las distintas culturas del planeta con el deseo de multiplicar los valores humanos.
Aquellas insistencias, esas obstinaciones que eligen la libertad, la solidaridad, la igualdad y la belleza antes que cualquier otra cosa. Que sin esas palabras convertidas en realidad, en algo concreto en la vida cotidiana de las personas, casi nada tiene sentido.
En esas ideas que suelen repetirse en diferentes puntos del estragado planeta hay una que puede hundir sus raíces en los relatos de las grandes religiones y hasta en los textos cuneiformes de los sumerios.
Es una imagen poderosa y cargada de esperanza.
La maternidad, la llegada de una hija o un hijo hacen libres y mejores a los seres humanos.
Está en la epopeya de Gilgamés, en las crónicas de la rebelión de Espartaco y en las historias de las revoluciones americanas, africanas y asiáticas.

