miércoles 20 de noviembre de 2019
¿Es realmente posible morir de calor?

Los seres humanos somos animales que necesitamos mantener nuestra temperatura corporal dentro de un rango específico para que nuestro organismo funcione correctamente. Para eso, contamos con varios mecanismos de control que regulan la temperatura y la mantienen, en condiciones normales, en unos 36,3 y los 37,1°.

Por su propia actividad metabólica y muscular, nuestro organismo genera calor que luego se disipa por varias vías. Uno de ellos es la transferencia directa hacia un material con el que está en contacto (por ejemplo, el aire). Otro mecanismo es la evaporación: cuando sudamos, lo que ocurre es que se activa un sistema interno de refrigeración que nos permite perder el calor excesivo.

Ahora bien: en situaciones extremas, estos sistemas pueden no ser suficientes. El golpe de calor se produce, justamente, cuando las temperaturas ambientales son muy altas y el sistema interno de regulación falla, de modo que el cuerpo alcanza una temperatura muy superior a la normal. Se producen, entonces, alteraciones en el funcionamiento de diferentes órganos que, si no son tratadas a tiempo, pueden efectivamente provocar la muerte.

El golpe de calor es, entonces, un desajuste entre el calor que genera el cuerpo y el que logra disipar. Es un proceso no demasiado frecuente que suele aparecer en las primeras horas de una ola de calor y afecta sobre todo a los ancianos, en quienes pueden estar disminuidos los mecanismos de termorregulación.

¿Cómo prevenirlo? Evitar estar al sol, tomar agua y hacer la menor cantidad de ejercicio posible.

 

 

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