La discreta impunidad del voto (Segunda parte)

Por Alfredo Grande  (APe).- Hace exactamente tres años, un 13 de julio de 2008, escribía “Frío de Amor” La noticia que originó la nota fue: .- “Dos nenes murieron al arder una casilla en Viedma. Ocurrió en el Loteo Silvia, por la mañana, mientras la mamá había salido. Emanuel Alvano, de 4 años, y su hermanita menor Daiana fueron hallados abrazados. Es cierto. Habrá que pensar si no era posible, desde el ámbito gubernamental, hacer algo para evitar que ocurriera.” Diario Río Negro, 16/6/08.

Tres años después, sin el mismo amor y con el mismo frío, dos gemelos son víctimas no del frío, lo que sería culpabilizar al almanaque, sino de la falta de calor, que implica culpabilizar a los funcionarios que militan en las políticas del desamparo. Sin embargo, el desamparo con su cara de hereje no es un factor que amplifique la conciencia lúcida sobre sus orígenes y las mejores formas de enfrentarlo. El desamparo, a diferencia del fútbol, no es para todos, y la vulnerabilidad, expresión eufemística de las condenas a muerte que el modelo aún decreta, está planificada por los autores de los mapas de la inseguridad social y económica.

La polarización en la votación de la reina del Plata, fue un remedo de los recordados combates entre La Momia y Karadajián. Siendo apenas adolescente, o quizá puber, estuve semanas deprimido porque el entonces malísimo campeón del mundo había triunfado sobre la invencible momia que amaba a los niños muy tiernamente. La partidocracia nada tiene que enviadiarles a los Titanes en el Ring y hasta propondría un programa: “Titanes en las Urnas”. El primer test match fue para Mauricio Deshaciendo Macri.

Lejos, pero aún esperando revancha, aguarda Daniel Travieso Filmus. Es algo así como la resaca de los 90, con los mohínes del bicentenario, más una cuota nada despreciable de centralismo unitario. Si la primera vuelta no convocó al amor, la segunda promete garantizar el espanto. Surge ahora la tentación de una transversalidad por decreto de necesidad y clemencia, y aglutinar a un 55% en un Frente que sea de verdad para la victoria. Sin embargo, lo más transversal en la ciudad de Buenos Aires fue el voto para Macri.

Por segunda vez ganó en todas las secciones electorales y ahora comunas. ¿Cómo se logra este fenómeno? Construyendo con todos los recursos, incluso los legales (como dijo Lenin, y no creo que Maurizio lo haya leído, aunque nunca se sabe) una cosmovisión delirante sobre el funcionamiento de la ciudad, que tuvo como pequeño discursito no ilustrado: “juntos venimos bien”. Con muy poco más que eso, porque debatir es confrontar ideas y no se trata para nada de eso, Maurizio fabricó lo que denomino alucinatorio social.

Es casi imposible enfrentar el delirio y la alucinación desde la racionalidad. Si fracasó Galileo, no podemos aspirar a mejor suerte. Y mucho menos cuando la racionalidad no tiene la consistencia y contundencia del sabio, sino apenas la sintonía y la picardía del mediocre. Porque eso es el efecto de la campaña del kirchnerismo para la Jefatura de Gobierno. Primero lo terna a Filmus, banalizando los motivos de su candidatura, luego lo opaca poniendo delante la imagen fetichizada de Cristina.

La denostada fragmentación de la política, que incluye la desvinculación de Pino Solanas del Frente Progresista, es un peligro para cualquier democracia que pretenda albergar lo democrático. Se pierde la idea de totalidad y se toma, en forma por demás terca, la parte por el todo. O sea: se construyen fetiches. Desde ya, hay fetiches de todo tipo, color y tamaño. Pero tienen un fundante común: para ser creíbles, tienen que mostrar y ocultar lo esencial. Herencia del posmodernismo y otra de las resacas de los 90. Los discursos de la totalidad no existen, y las ideologías ceden el paso al pragmatismo. Para ejemplo, basta un Boudou.

De lo contrario, sería insostenible confiar en una totalidad que muestre a Macri atacado en la reina del Plata, y a Scioli sostenido en la Provincia más importante del país. Sin embargo, la General Paz fragmenta, disocia una totalidad que, de juntarse, mostraría que aunque haya diferencias, no hay incompatibilidad entre el kirchnerismo y el modelo neoliberal de los 90. Podría agregar a Menem como candidato a senador, pero me abstengo. Cuando me di cuenta que en realidad La Momia era un empleado de Karadagián, que luego como era el dueño de los Titanes de malo pasó a ser bueno, mi pesar por su derrota se transformó en la bronca de la estafa. Para la cultura represora, no es necesario serlo, es suficiente parecerlo.

Y Maurizio dobla la apuesta, y sin dudar, porque eso sería jactancia de intelectuales, sentencia: parezco (nazi) pero no lo soy. Soy Pro. Y el fetiche Pro, el fetiche K, polarizaron una elección que ni siquiera admitió un debate. Y no sólo por la decisión de no confrontar del Gran Impune, sino porque el dispositivo que se inventó, incluso en la Universidad, eran presentaciones individuales, autistas, de cada candidato. Un circo, con payasos mala onda y tonys patéticos. La pregunta es porque no se pudo construir un tercero en discordia.

O al menos, porque esa construcción fue débil, y retrocedió en relación a dos años atrás. Pareciera que el Proyecto Norte es todavía más entrador que el Proyecto Sur. Yo que vivo en la zona sur de la reina del Plata, y que tengo el dudoso privilegio de tener 4 fuerzas de seguridad que me cuidan, no puedo hacer mucha diferencia entre las políticas de seguridad nacionales y locales. No veo por qué tengo que elegir entre el Fino Palacios y Gerardo Martínez.

Por mencionar algo emblemático. Si algo une a los agentes del Proyecto Norte, es la negación de la lucha de clases. Por eso los partidos son una buseca o un puchero, donde todo puede entrar. Aunque luego no entre, como el radicalismo mostrando que no se rompe, pero se dobla. Y se desdobla, porque aunque sepamos que segundas partes nunca fueron buenas, no por eso podíamos imaginar que iban a ser tan malas. Y el balotaje consagra lo peor del fetichismo del bipartidismo. La única forma de ganarle a Macri es con el asesoramiento de Harry el Sucio y armar un Frente para Impedir la Derrota. Con los votos propios, genuinos, de la lealtad y el amor, no sólo no alcanzan, sino que se corre el riesgo de pasar del pan triste a las tortas furiosas.

La paradoja del oficialismo es que sólo puede romper el alucinatorio social que consiguió Maurizio, construyendo en la ciudad un alucinatorio más potente. La racionalidad K no alcanza, y es un peligro que se use contra sus creadores. No todo lo puede solucionar Oyarbide, y nunca se sabe dónde va la flecha cuando el arco tiembla. Porque lo peor que podría pasar es victimizarlo a Maurizio, creando un Frente Contra Pro, y conseguir una Victoria que hasta Pirro vería preocupado.

El Victimario pasaría a víctima pro piciatoria de los males de la política y los fraudes de los políticos. Mientras tanto, los pibes seguirán muriendo. De frío, de hambre, de malos tratos, de abusos sexuales. El diario no hablará de ellos más que en un ínfimo porcentaje, y, aunque quizá sin avisos, la trata de personas seguirá secuestrando, denigrando, matando a mujeres indefensas. No habrá naftas, poco gas, los subsidios serán hasta el día después, como las declaraciones juradas. El alucinatorio social tendrá su apogeo el día del balotaje y casi todos se beneficiarán con esa forma light de la amnesia que propicia la discreta impunidad del voto.