Un mundo y un país hechos a imagen y semejanza de sus minorías: Genética de la discriminación

La discriminación está presente en la vida de los pibes argentinos.

De acuerdo a una encuesta realizada por Unicef, en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, San Juan, Mendoza, Salta y Jujuy, sedes de la Copa América de fútbol, el 40 por ciento de las chicas y chicos que tienen entre trece y dieciocho años dijeron haber sido víctimas de algún episodio de segregación.

“Preguntados por “¿qué palabras te vienen a la mente?” al pensar en la discriminación, la mayoría de las respuestas (el punto tomó menciones, pero no las cuantificó en porcentajes) repitieron “agredir, rechazar a otros, faltar el respeto”, “diferenciar, apartar, separar personas”, “aspectos físicos”, “color de piel”, “maldad, bronca”. Que la discriminación, sin embargo, “no está justificada porque somos todos iguales” es la frase que eligió el 76 por ciento de chicas y chicos, ante un 19 por ciento que la justifica “porque no todos somos iguales”, y un 5 por ciento que no acordó con ninguna de las dos.

La amplia mayoría de las y los jóvenes presenció un acto de discriminación: el 75 por ciento, es decir, tres de cada cuatro encuestados”, apunta la noticia.

Pero la discriminación parece una de las pautas del sistema capitalista que se inocula de arriba hacia abajo para que nunca se observe que el origen de los males tiene su asiento en los privilegiados lugares de la sociedad.

Una herramienta cultural que permite la permanente división entre las mayorías populares.

Un dispositivo pedagógico que sirve para enfrentar entre si a los permanentemente saqueados por los dueños del presente.

La discriminación, entonces, es una forma de violencia cotidiana que se impone a través de los grandes medios de comunicación y se multiplica en todos los espacios sociales.

La encuesta reveló que el índice más alto de discriminación se registró en Santa Fe Capital (55 por ciento), seguido por Capital Federal (con el 45 por ciento), Mendoza (el 44) y el Gran Buenos Aires (el 39).

“En cuanto a los motivos de discriminación, el aspecto físico lideró las respuestas. El 44 por ciento de quienes se sintieron discriminados alguna vez señalaron como motivo el tamaño o el peso. Este aspecto fue el más frecuentemente mencionado por las chicas que se reconocieron discriminadas. Entre los varones, en cambio, el motivo más mencionado fue el color de la piel. Para quienes presenciaron episodios discriminatorios, el motivo más usual al que se recurrió fue el color de la piel”, sostiene la información.

No hace mucho tiempo atrás, un sacerdote rosarino del barrio Las Flores, uno de los tantos lugares satanizados por la discriminación que implementan las minorías, aportó una reflexión tan simple como sabia: “La ciudad es un lugar de tránsito de enormes riquezas y un depósito de pobres que la hace más violenta. La primera violencia es la pobreza. De chicos la sufren, de adolescentes empiezan a tomarse revancha…Es muy violento mostrarle a un chico que va creciendo lo que no puede tener. Lo violento es decirle: “Mirá qué lindo que es pero no te lo doy”, declaró el sacerdote Néstor Negri, de la parroquia Nuestra Señora de Itatí, en el sur de la ciudad de Rosario.

Allí está la mecánica que explica el funcionamiento del sistema.

Es en esa secuencia donde aparecen las marcas de la segregación.

En esas palabras está la genética de la discriminación y la violencia. Esas consecuencias de un mundo y un país hechos a imagen y semejanza de sus minorías.

Por Carlos del Frade (APe).-