Consumo interno y exportación: dos escenarios para crecer

La cadena porcina está en pleno auge. Se estima que para 2020 la producción crecerá un 126% y el consumo interno un 80%.

En producción de cerdos, los caminos que conducen a mejorar la rentabilidad son el aumento del consumo interno y la exportación. Estos escenarios son clave para los pequeños y medianos productores que representan cerca del 90% del mercado que tiene el 60% de las madres, explicó Jorge Brunori del Grupo de Trabajo Porcinos del área Producción Animal del INTA Marcos Juárez, Córdoba. En esa unidad tendrá lugar, entre el 18 y 19 de agosto, la importante muestra bianual “Fericerdo”, que reunirá a los principales especialistas con productores del sector.

En este contexto, las estimaciones institucionales indican que, en 2020, la cadena porcina aumentará la producción un 126%, un 80% el consumo –que pasará de los 8,2 kilos a 14 kilos per capita– y un 1.200% las exportaciones. Además, se generarán 23.000 puestos de trabajo directos con un saldo de exportación de U$S 160 M.

De acuerdo con documento del proyecto INTA Precop Evolución del sistema productivo agropecuario argentino – mayor valor agregado en origen, en la cadena porcina hay actualmente unos 45.000 puestos de trabajo directos e indirectos: en el eslabón primario son 23.066, más 17.385 del eslabón industrial; en el medio se suman 457 empleos del sector transporte y comercialización, más los 4.091 empleos indirectos.

Hoy, la producción porcina nacional –que se centra básicamente en las provincias de santa Fe, Córdoba y Buenos Aires– está en un momento de oportunidades. “Estamos en presencia –trazó el técnico– de dos escenarios muy claros: de mediano y largo plazo –exportaciones– y de corto plazo. En este último caso, se presenta la gran oportunidad de posicionar al cerdo como una carne sustituta a la bovina teniendo en cuenta que hoy, entre fresca y fiambre, se consume al año cerca de 8,2 kg  de carne porcina por persona”.

Un paso más allá del mercado interno están las exportaciones. Por esta vía, la demanda de la carne de cerdo en la próxima década va a ser el doble de la actual. “Y al ser Argentina un gran productor de granos y contar con un buen status sanitario, las condiciones están dadas para que el país se convierta en un gran exportador de cerdos”, explicó Brunori.

El pequeño y mediano productor tiene en la actualidad un rendimiento promedio que ronda entre los 10 y los 13 capones terminados por año y puede trabajar hasta 18 o más capones por madre por año.

En este contexto –destacó Brunori–, es fundamental aumentar el mercado interno para el desarrollo y sostenibilidad del sector ya que por cada kilo de carne fresca por año que se aumenta en el consumo se necesita de unas 15 mil madres para producirla.

Gustavo Zielinsky, del grupo de Sanidad Animal del Área Producción Animal del INTA Marcos Juárez, puntualizó que “una de las claves para aumentar la productividad es trabajar en un correcto manejo de sanidad en los momentos de reproducción, parto y destete, ya que definen diversos índices que hacen a la eficiencia: el porcentaje de preñez, la mortandad en la lactancia y la mortandad en el post destete”.

Este manejo integrado reproductivo ayuda a la eficiencia, reacomoda y organiza el control integral de la granja –instalaciones, flujo de compras y ventas–. Con una mirada genética, Raúl Franco –veterinario del INTA Marcos Juárez, Córdoba–, destacó que “en todo el mundo la inseminación natural es una práctica bastante infrecuente y el primer paso que debe dar el productor es asesorarse y comenzar a manejar el rodeo en banda para luego pasar a inseminación artificial”.

“Hacer cerdos es transformar el grano que producimos”

Si la capacitación es una llave para abrir puertas hacia los mejores rendimientos, el asociativismo es la entrada ideal para crecer: “Asociarse es tener lo que solo no puedo hacer”, reflexionó Brunori, quien además reveló que el sector porcino es un área que le agrega valor a la producción de maíz y soja.

“Decidir hacer cerdos ya es transformar el grano que producimos. Un sistema eficiente, pequeño, de 50 madres, utiliza y transforma cerca de 20 hectáreas de maíz y otras tantas de soja en carne. Luego se agrega valor al capón tanto al vender su carne fresca como elaborada”, señaló el especialista.

La Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAAP), en un documento sobre evolución de precios, estimó que la base alimenticia en cerdos del país se centraliza en el consumo de maíz y soja, los cuales representan entre el 75% y el 90% de la ración. Debido a esto, la variación de los precios afecta en forma directa los costos de producción y pueden significar tener rentabilidad o pérdida.

Miguel Acosta Sosa, responsable del sector porcino del INTA Las Breñas, Chaco, sostuvo que “el alimento es el que trasforma al animal. Hay que tener muy en cuenta su calidad y su digestibilidad porque el negocio del productor es que el cerdo coma por 1 peso y convierta por 1,50”.

El agregado de valor es clave, además, en la formación de fuentes de trabajo ya que en agricultura 400 hectáreas de maíz demandan una o dos personas mientras que en el mismo espacio, si se suma actividad porcina de 700 cerdas, las fuentes laborales pueden ascender a 14 personas.

Las estimaciones del proyecto Precop del INTA sobre producción agropecuaria con valor agregado en origen indican que si se incorporan nuevas madres al sistema hacia 2020 los puestos de trabajo serán cercanos a los 7.000. Vale decir, 231 mil madres de 20 cerdos por madre al año generarían 6.648 nuevas fuentes laborales.

Estos datos son relevantes para pequeños y medianos productores ya que en la actualidad más del 90% de quienes trabajan con porcinos y el 60% de madres del país están en sus manos. De allí que, según estadísticas del Ministerio de Agricultura, Gandería y Pesca de la Nación y Senasa, en 2010 se faenaron 3.226.525 cabezas porcinas y produjeron 281.250 toneladas de res con hueso.