Para pensar juntos: Nuestra familia, raíz e historia

Casi siempre está. Sin más. Amor de madre, amor de padre, amor de hijos y de hermanos. Amor profundo. Amor que ayuda a pensar que Dios mismo ha de ser así.

Y si falta, o si falla, o si, por la razón que sea uno no ha tenido esa tierra primera en la que echar raíces, aún sigue siendo un anhelo, un horizonte, y una posibilidad, esa de poblar el corazón con los nombres amados. Porque eso es lo que nos hace más humanos.