Los argentinos eligen candidatos y marcan el rumbo hacia octubre

Por primera vez, los ciudadanos definirán las listas para las elecciones. Diez fórmulas presidenciales protagonizarán un gran test preelectoral. Para acceder al cuarto oscuro en dos meses, los partidos deben obtener el 1,5% de los votos.

Encuesta nacional, test preelectoral, ejercicio ciudadano de selección participativa. Por primera vez en la historia, los argentinos serán hoy protagonistas de una inédita experiencia electoral cuando concurran a las urnas para consagrar en elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) a los candidatos nacionales a presidente y vice, y también a diputados y senadores, que competirán en los comicios nacionales del 23 de octubre próximo.
La elección funcionará como un proceso de selección de los partidos políticos: cada fuerza deberá alcanzar al menos el 1,5% de los votos “válidamente emitidos” para disputar en octubre.
Esa singularidad, sin embargo, está lejos de agotarse en los posibles resultados de la aplicación de un nuevo esquema de reglas que arrancó con el desafío de las agrupaciones y alianzas de conservar su personería jurídica y entrar en la competencia.

El cuadro que terminen de delinear esta noche las primarias también será un mensaje múltiple, quizá como el de ninguna otra elección desde el retorno de la democracia.
Hoy, casi 29 millones de ciudadanos habilitados para votar en toda la Argentina dibujarán un primer blanco sobre negro en la confrontación por los liderazgos de la pelea mayor, que se celebrará en apenas dos meses; darán señales sobre el perfil del dirigente o espacio que pueda capitalizar el rol de primer opositor; y revelarán hasta qué punto los resultados de los comicios provinciales que convirtieron al calendario de 2011 en una secuencia afiebrada e ininterrumpida tienen correlación aritmética con la elección nacional.

Algunos interrogantes comenzarán a dar indicios: ¿Cómo se traducirán los supuestos localismos que parecen haber prefigurado la Capital Federal y Córdoba? ¿Cómo operará el probado respaldo a los oficialismos? ¿Habrá incidencia del corte de boleta?

Los números que revelen las urnas abrirán también un camino para evaluar los posibles posicionamientos hacia el recambio de 2015, especialmente en el justicialismo y la tensión que genera la futura sucesión kirchnerista.
La competencia por las candidaturas a presidente y vice tiene diez fórmulas en carrera: ninguna llega al cuarto oscuro para definir posiciones con rivales internos. Por eso, especialmente en esa categoría, la elección de hoy se traducirá en un test de alcance nacional, una prueba para ganar legitimidad en el tránsito hacia octubre.
Aunque los comicios son obligatorios, el número de ciudadanos que finalmente se acerque a votar –el gobierno confía en una participación superior al 60% del padrón– será un elemento decisivo para medir el impacto de la performance de cada postulante.

Las encuestadoras se ampararon en las particulares características de la elección y en la imposibilidad de medir la intervención final de los votantes para no aventurar pronósticos.
Sin embargo, los datos informales que maneja tanto el kirchnerismo como la oposición ubican a la presidenta Cristina Fernández al tope de la aprobación ciudadana, con aproximadamente un 40% de intención de voto.
El gobierno confía en que esa cifra sea el piso de los resultados de hoy. La oposición marcha lejos, en una suerte de segundo pelotón, después de frustrar los numerosos intentos de armar un frente común antikirchnerista y, finalmente, diluirse en una oferta tan amplia como contradictoria.

En ese universo, la fórmula que el diputado radical Ricardo Alfonsín comparte con el economista Javier González Fraga –en el marco de un acuerdo más amplio con el empresario Francisco de Narváez, candidato en la provincia de Buenos Aires– compite por el segundo puesto con el ex presidente interino Eduardo Duhalde.
La ventaja de Cristina sobre ambos varía, según esas proyecciones informales, entre los 20 y 25 puntos. Por eso, Alfonsín y Duhalde esperan el día después de la primaria para ensayar un acuerdo que complique la potencial reelección de Cristina en octubre con un escenario de ballottage.

El experimento resulta inverosímil para los candidatos del resto de las categorías de cada espacio que hoy buscarán el voto por separado, con candidatos presidenciales diferentes.
El elenco opositor se completa con la oferta del Frente Amplio Progresista (FAP) del gobernador santafesino, el socialista Hermes Binner; la Coalición Cívica (CC), con Elisa Carrió; y el Compromiso Federal del mandatario puntano Alberto Rodríguez Saá.
El Frente de Izquierda, con Jorge Altamira, y el Proyecto Sur de Fernando “Pino” Solanas –que postula a Alcira Argumedo–, van por el 1,5% que los mantenga en carrera.
El Frente para la Victoria (FPV) y el sello de Alfonsín, Unión para el Desarrollo Social (UDESO), son las únicas fuerzas que tienen candidatos en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires, primer distrito electoral del país que concentra poco más del 37% del padrón.

En ese conglomerado –en cuyo Conurbano vota más del 70% de los bonaerenses– signado por las contradicciones económicas y sociales, se definirá el capítulo central de la elección.
El gobierno reeditó allí la alianza con Daniel Scioli, pero ubicó en la fórmula como vice al titular de la AFSCA, Gabriel Mariotto, impulsor de la Ley de Medios, y habilitó dos colectoras, una encabezada por el líder de Nuevo Encuentro, Martín Sabbatella, y otra por el intendente de José C. Paz, Mario Ishii.

El gobernador transitó la campaña con señales de diferenciación personal destinadas a las suspicacias. Sin embargo, en la última semana hizo gestos firmes de alineamiento con la Nación.
Los resultados en la Ciudad de Buenos Aires –¿habrá finalmente voto cruzado entre Cristina y Mauricio Macri, flamante ganador que hoy mira la elección desde Europa y sin candidato nacional?– y en las provincias de Santa Fe y Córdoba, donde el FPV tuvo retrocesos locales en las últimas semanas, son un desafío para la presidenta.

Otro reto son los votos que pueda cosechar en las provincias que la acompañaron en las elecciones de 2007 pero luego se convirtieron en bastiones de la ofensiva contra el gobierno durante el conflicto con el campo y reflejaron un retroceso en las parlamentarias de 2009. Ese grupo incluye otra vez a Santa Fe y Córdoba, pero también a Entre Ríos y Mendoza.
Además de las candidaturas de presidente y vice, la elección de hoy consagrará candidatos a gobernador en las provincias de Buenos Aires, San Luis, Entre Ríos y San Juan. Definirá también postulantes para renovar la mitad de la Cámara de Diputados (130 bancas) y un tercio del Senado en las provincias de Buenos Aires, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis y Santa Cruz.

En cada categoría, las fuerzas deberán alcanzar el piso minímo requerido. Un nuevo experimento electoral está en marcha. Una vez más, el voto ciudadano pondrá a prueba su eficacia para mejorar la calidad institucional.

Fuente: Tiempo Argentino.