“Nadie es dueño del voto de nadie, los ciudadanos no tienen un propietario”

La presidenta interpretó su victoria con el 50,07% de los votos como un “reconocimiento” a la gestión. Advirtió que los electores se expresan “libremente y según sus intereses”. Elogió el nuevo sistema electoral y la participación.

Los ciudadanos no tienen propietarios. Nadie es dueño del voto de nadie.” Categórica, Cristina Fernández evaluó con esa afirmación de destinatario múltiple el rotundo respaldo ciudadano que logró acumular en el debut de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y que, con el 50,07% de los votos, la legitimó como la candidata mejor posicionada para los comicios presidenciales del 23 de octubre. Apenas unas horas después del cierre del escrutinio provisorio, la mandataria convocó a la prensa en el Salón Sur de la Casa Rosada y, junto a su compañero de fórmula, el ministro de Economía Amado Boudou, amplió la lectura de los resultados electorales del domingo que allanaron su camino a la reelección.

El final del recuento confirmó su arrolladora victoria en todos los distritos del país, a excepción de la provincia de San Luis, y la amplia brecha que la separó de la heterogénea legión de aspirantes opositores a los que  aventajó por 37,9 puntos. La oposición ni siquiera pudo adueñarse de un segundo lugar indiscutido: escrutadas el 96,84% de las mesas habilitadas para votar en todo el territorio nacional, el radical Ricardo Alfonsín conservó el lejano segundo puesto con el 12,17%, seguido por el ex presidente interino Eduardo Duhalde, apenas a una centésima de distancia, con el 12,16% de los sufragios. Ambos quedaron a un abismo de Cristina, separados por un paquete de 1494 votos. El cuarto lugar fue para el socialista Hermes Binner: el gobernador de Santa Fe, uno de los últimos en sumarse a la campaña para las primarias tras el accidentado armado del Frente Amplio Progresista, sumó el 10,26% de los sufragios (ver p.10).

La presidenta decidió que debía convocar a una rueda de prensa en el día después de las elecciones, cuando apenas habían pasado unos minutos de la medianoche del domingo. Rodeada de algunos pocos funcionarios y allegados de su círculo más íntimo, Cristina escuchó con atención todos y cada uno de los mensajes de sus rivales en el piso 19 del Hotel Intercontinental. A cada felicitación que la interrumpía, contestaba con un pedido de mesura: “Ningún comentario eufórico”, repetía. Con ese  mismo tono, una hora antes, había festejado el triunfo con los militantes del Frente para la Victoria (FPV). “Fue un festejo tranquilo”, resumieron dos de los testigos. La alegría subió cuando Boudou y algunos otros funcionarios le cantaron el “Avanti Morocha” de los Caballeros de la Quema mientras Cristina hablaba por teléfono con su hijo Máximo.

Ayer, la presidenta buscó fortalecer el razonamiento de sus argumentos después del triunfo. Una frase estuvo especialmente dirigida a los referentes de la oposición: “Hay un reconocimiento a una gestión. La sociedad votó una gestión de gobierno que viene desarrollándose desde 2003 con errores y aciertos, marchas y contramarchas. Es un reconocimiento al trabajo. Me he roto el alma en estos cuatro años y él (por Néstor Kirchner), durante ocho”, subrayó. A las fuerzas opositoras también les recordó que el ámbito para el diálogo es el Parlamento. Y subrayó que tiene conversaciones cotidianas con empresarios y sindicalistas: “Sería imposible gobernar sin dialogar con ellos”, juzgó.
La presidenta había dejado el Intercontinental en pleno festejo, a la 1 de la madrugada del lunes y después de tomar un café. Ya le habían confirmado que las tendencias finales se conocerían alrededor de las 3. Para entonces, Cristina tenía confirmada la superación de su propia marca de 2007, cuando cosechó 8.651.066 de votos. Ayer, el recuento final la ubicó en el podio con 10.363.310 de sufragios.

El gobierno asume ese caudal como un escenario inmejorable para pulsear en octubre. La pobre performance opositora alienta el pronóstico, aunque en la Casa Rosada admiten que de todos los adversarios, Binner fue el “menos perjudicado”, el que tal vez cuenta con chances de cierto crecimiento en los próximos dos meses. Ante los periodistas, Cristina contestó cinco preguntas sorteadas y se explayó con una defensa de las PASO y su exitoso debut. Hacía 18 meses, desde un encuentro para ratificar a Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central, que no convocaba a una conferencia. “Inauguramos un sistema inédito en la historia institucional argentina. Dimos un salto cualitativo importante, con la apertura de los partidos a la sociedad, una especie de democracia ampliada”, enfatizó.

De buen humor, distendida, dispuesta al intercambio de chistes con sus colaboradores, la presidenta también dio muestras de que transitará la campaña de los próximos dos meses con un firme anclaje en la gestión. Por eso, puso en primer plano el reclamo por un “pronto tratamiento” de la ley de tierras que envió al Congreso. La articulación de respuestas a los conflictos de déficit habitacional en distintos puntos del país tal vez revele una de las claves de su administración en el mediano plazo.

Para el final, insistió con el ejercicio de humildad. “Nunca me la creí, milito desde joven. He tenido éxitos y derrotas, siempre aprendí más de las derrotas”, subrayó. Y agregó: “Ninguno es propietario de la voluntad de ningún ciudadano que se expresa libremente ante cada convocatoria de la manera que cree más conveniente, según sus propios intereses.”

Fuente: Tiempo Argentino.