Para pensar juntos: Problemas

En ocasiones puede ser difícil la vida en pareja; enfermedades, problemas económicos, celos, problemas de carácter, vicios, problemas con los hijos, hay toda una gama donde escoger.

Muchas, muchísimas veces nos llegan oportunidades de consuelos extraños, oportunidades de escapar momentáneamente de todas esas situaciones. Vamos volviéndonos grises, tomando un color intermedio e indeciso para cualquier situación; creo que todas las personas pasamos por etapas así, ¿esto nos ayuda? En lo más mínimo. El hombre se vuelve aburrido, enojado, tiende a mantenerse rumiando los mismos problemas y decide no hablar de los problemas con la esposa, para “no preocuparla”. Ya tomado ese océano de sabiduría viene otra gracia se empieza a pensar que no es apreciado en el trabajo, en la casa, con algunos amigos y entonces bien una manía de sentirse víctima; de todas estas circunstancias, de todos estos problemas, de todas estas injusticias sólo hay una víctima, él; pareciera que toda la creación se vuelca contra él.

Y llega uno a convertirse en un ogro que solo quiere ver televisión, comer y beber cerveza y pobres todos en casa. Si a los niños se les ocurre jugar haciendo ruido, hay que soportar frases como: “¡Yo trabajo todo el día y no puedo descansar!”; “¡Llevate a los niños que no me dejan oír!”; “Alcanzame el control del televisor”. Todo esto con un tono que ya envidiarían los “hijos del Trueno”. Así qué difícil es mantener una convivencia conyugal.

Cuando llega el tiempo en que se pierden los detalles, en que el amor puede no ser suficiente, debemos tomarnos el tiempo para hacer un alto y buscar soluciones.

¿Podemos tomarnos un tiempo para hablar de cualquier cosa a solas con nuestra esposa? ¿Nos atrevemos a salir solos? A cualquier lado, no es necesario sobrepasarse en gastos, lo que es necesario es gustar, saborear, reconocer la compañía de nuestra esposa y sentirnos bien.

¿Podemos ayudar con algo del quehacer de la casa?

¿Podríamos gozar de una salida con toda la familia?

¡Claro que sí! Tengamos la voluntad de ver en pequeñas cosas la grandeza de nuestra relación, oremos pidiendo la gracia de Dios para ver todo lo bueno que tiene nuestro matrimonio y estemos dispuestos a hacer algo porque siempre algo podemos hacer por nuestra familia, porque es responsabilidad nuestra, de ambos esposos el llevar adelante esta relación, depende de cada uno de la pareja la felicidad del otro. Y tu “ser feliz” es y debe ser tan importante para vos como para tu pareja y se debe hacer esfuerzos y sacrificios y todo lo que sea necesario para tener esa felicidad que nos merecemos. Lo peor que podemos hacer en momentos difíciles es encerrarnos en nosotros mismos, recordemos que nuestra familia, nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros hijos son regalos preciosos de Dios.

“Señor, dame tu gracia, dame tu favor especial para evitar convertirme en un ser maltratado por la rutina y dame la certeza que esta mujer que me has dado por esposa o este varón que me has dado por esposo es quien va a hacerme feliz y es a quien yo voy a hacer feliz. Que este sea mi deseo cada día”.