Para pensar juntos: La bondad

No resulta fácil determinar qué es la bondad. Vamos a intentarlo: un hombre bondadoso es uno que tiene buena intención respecto a la vida. Pero, ¿se puede tener mala intención respecto a la vida? ¿Qué queremos decir con la expresión: “respecto a la vida”? Veamos.

Imaginemos un hombre dominante respecto a los demás; aunque dice que quiere lo mejor para los demás pronto advertimos que en realidad trata de dominarles. Decimos que quien es así no tiene buena intención respecto a la vida, porque la ahoga con el apretón del afán de dominar. ¡Cuántas tragedias humanas proceden de este querer someter a los demás!… La Bondad, por el contrario, tiene la capacidad de respetar el espacio que requiere la vida, más aún, tiene la fuerza de generarla, de facilitarle su desarrollo y ayudarla a que logre su plenitud… Ser Bueno es tener respeto, dejar valer, ayudar a crecer cualquier realidad viva. Su primer juicio no es desconfiar ni criticar.

Imaginemos un hombre que alberga en su interior rencor a la vida porque piensa que la vida ha sido injusta con él, que sus expectativas han sido defraudadas, que sus pretensiones han quedado insatisfechas. Supongamos que todo es verdad. Pero este hombre, en vez de tratar de disfrutar lo mejor que pueda de lo que aún le queda, vemos que no es capaz de superar este resentimiento de agravio y se venga (“todos son así” dice, porque uno ha sido así; “no hay justicia” porque en su caso no la ha encontrado)… La Bondad renuncia a la venganza porque es generosa, porque tiene confianza y deja a la vida volver a empezar siempre… Ser Bueno es ser fuerte. La vida está llena de dolor, pero si uno es bueno, ese dolor cuando llega pese a todo le fortalece. La vida quiere ser comprendida pero esto cansa y requiere ayuda; pero solo puede ayudar realmente quien comprende precisamente ese dolor y encuentra las palabras para suavizarlo… Ser Bueno es ser paciente. El dolor vuelve una y otra vez queriendo ser comprendido (cuantas veces nos resulta insoportable esas faltas del prójimo que ya conocemos de memoria). Una y otra vez la Bondad debe ofrecerse y aplicarse pacientemente.

Imaginemos un hay seguridad, hay cobijo, hay calor y donde no está por mucha ciencia que haya, y política, y bienestar, etc., en el fondo todo sigue frío.

La bondad perfecciona a la persona porque sabe dar y darse sin temor a verse defraudado, transmitiendo aliento y entusiasmo a quienes lo rodean.

En ocasiones el concepto de bondad es confundido con el de debilidad. A nadie le gusta ser “el buenito” de la oficina, de quien todo el mundo se aprovecha. Bondad es exactamente lo contrario, es la fortaleza que tiene quien sabe controlar su carácter, sus pasiones y sus arranques para convertirlos en mansedumbre.

La bondad es una inclinación natural a hacer el bien, con una profunda comprensión de las personas y sus necesidades, siempre paciente y con ánimo equilibrado. Este valor, por consiguiente, desarrolla en cada persona la disposición para agradar y complacer en justa medida a todas las personas y en todo momento.

¿En qué momentos nos alejamos de una actitud bondadosa? Es muy sencillo apreciarlo en las actitudes agresivas que se adoptan con los malos modales y la manera de hablar, a veces con palabras altisonantes, con la razón de nuestra parte o sin ella; la indiferencia que manifestamos ante las preocupaciones o inquietudes que tienen los demás, juzgándolas de poca importancia o como producto de la falta de entendimiento y habilidad para resolver problemas. ¡Qué equivocados estamos al considerarnos superiores! Al hacerlo, nos convertimos en seres realmente incapaces de escuchar con interés y tratar con amabilidad a todos los que acuden a nosotros buscando un consejo o una solución.

Equivocadamente, nuestro ego puede regocijarse cuando alguien comete un error a pesar de las advertencias, casi saboreando aquellas palabras de: “no quiero decir te lo dije, pero… te lo dije”, y nos empeñamos en poner “el dedo en la llaga”, insistiendo en demostrar lo sabios que son nuestros consejos; seguramente todo esto sale sobrando, pues la persona ya tiene suficiente con haber reconocido su error y quizá en ese momento esta afrontando las consecuencias.

La bondad no se detiene a buscar las causas, sino a comprender las circunstancias que han puesto a la persona en la situación actual, sin esperar explicaciones ni justificación y en procurar el encontrar los medios para que no ocurra nuevamente. La bondad tiene tendencia a ver lo bueno de los demás, no por haberlo comprobado, sino porque evita enjuiciar las actitudes de los demás bajo su punto de vista, además de ser capaz de “sentir” de alguna manera lo que otros sienten, haciéndose solidario al ofrecer soluciones .