Atacan el búnker de Kadafi y aún se combate en Trípoli

Cazas de la OTAN bombardearon el refugio del dictador y el ataque fue repelido. Hay rumores de que se fugó, pero EE.UU. cree que sigue en Libia. Continuaban los disparos en barrios de la capital.

Muy cerca de esta isla en el sur de Túnez, del otro lado de la frontera que el horizonte pinta como una línea celeste, en Trípoli ayer se dibujaban las últimas escenas del infierno libio.

Casi 1.700 muertos en menos de 24 horas ha sido el costo según datos muy provisorios del más importante combate de esta guerra iniciada hace seis meses.

Los informes que llegan aquí describen una ciudad caótica, con gente armada y vistiendo las mismas ropas sin que existiera seguridad sobre quién pertenece a cuál bando. Cuando caía el día y todavía se escuchaban disparos, a veces muy intensos, el objetivo principal, el dictador Muammar Kadafi e ra una sombra extraviada en alguna parte de ese laberinto.

Mientras legiones de rebeldes tomaban la famosa Plaza Verde y la ciudad parecía cambiar de mano, no se sabía si el dictador esperaba el final escondido en su gigantesco búnker de Bab al-Aziziyah, donde tiene la mítica carpa, un cuartel, viviendas y una pista prevista para aviones de gran porte.

Anoche, los cazas de la OTAN bombardeaban el refugio de Kadafi, mientras la defensa antiaérea del régimen respondía a su vez al ataque disparando contra los aviones, iluminando el cielo.

Se escuchaba incluso el tableteo intenso de las ametralladoras en ese área. Los rebeldes estaban rodeando el lugar, pero sabían que será una batalla larga, según dijo uno de los jefes insurgentes. Los rebeldes seguían recibiendo refuerzos por vía marítima. Desde Misarata llegaron a la capital más de 500 combatientes y municiones.

El paradero de Kadafi era desconocido. La alternativa de la huida del dictador libio era muy cuestionada, aun pese a las circunstancias. Se sostiene que en verdad Kadafi no tiene objetivamente a dónde ir, sería apresado en cualquier parte del mundo y, además, su enorme fortuna ha sido congelada casi en su totalidad por los gobiernos en donde estaban esos depósitos, esencialmente EE.UU., Gran Bretaña e Italia. Algunas versiones señalaban anoche que podría haberse refugiado en la embajada de Venezuela. El vocero del Pentágono David Lapan dijo: “Pensamos que sigue en el país” . Pero al cierre de esta edición, un hijo del dictador aseguró que su padre estaba en Trípoli. .

La otra razón que ponía en duda la alternativa del escape es por la caracterización que hizo el déspota desde el inicio de este levantamiento que consideró, y así lo declaró, sencillo de ser ahogado en sangre y fulminado, como sucedió con las protestas de 1994 o las de 1976. Ese convencimiento de no ceder sin advertir la descomposición que la crisis denunciaba de su propio régimen, lo llevó a rodearse de sus hijos de concepciones más rígidas, ultras y mesiánicas. Mutasin, un militar a cargo de la Guardia Presidencial que competía por la sucesión del poder con su hermano más liberal y famoso Saif al Islam, quien recomendaba la salida del poder de su padre. Y Khamis, conocido ya a sus 28 años, como “el carnicero” por los rebeldes, cabeza de la 32 Brigada que lleva su nombre, una de las mejor entrenadas y equipadas de Libia según EE.UU., célebre por sus despiadadas operaciones contra los civiles.

Según se pudo reconstruir aquí, las fuerzas rebeldes entraron en Trípoli en pequeñas unidades los últimos tres días, en una operación que contó con la asistencia de aliados locales y que incluyó el trasiego de armamentos. El punto principal de esa avanzada fue la toma previa de la localidad de Zawiya, un estratégico complejo petrolero y de gas a sólo 42 kilómetros de Trípoli que dejó contra la pared a las fuerzas del régimen. Esa ciudad cayó el sábado luego de una semana de batalla brutal, y ahí es cuando se inició la ofensiva en la capital. Era el momento que se descontaba que el dictador escaparía a Sudáfrica o algún otro país de la Unión Africana dispuesto a asilarlo.

Los rebeldes se esparcieron por los barrios, verificando un amplio apoyo en los suburbios pobres, los más afectados por la falta de alimentos y la carestía que provocó la crisis en esa ciudad que tiene un tercio de la población nacional de seis millones de habitantes. El arroz, un producto de consumo masivo y clave en la dieta de los libios, cuesta hoy 500% más que el año pasado.

Astutos, los rebeldes tomaron casi de inmediato las instalaciones de la radio y la televisión, que cesó sus transmisiones. También dijeron que arrestaron a Saif, pero anoche apareció ante los periodistas. También cayó Mohammed, otro de los hijos del dictador, pero logró huir de sus captores, se afirma, aunque hay una gran confusión informativa. De los dos hermanos más espartanos no había noticias anoche, pero se sospecha que están junto a su padre.

En esas horas se produjo la huida a Túnez del ministro de petróleo libio, Omran Abukraa, una pieza clave en el gabinete de la dictadura. Fue el tercer prominente jerarca de la satrapía que escapó en menos de una semana. Pero Kadafi prefirió ignorar el significado de esos portazos, y se quedó en el país con una cuota importante de resistencia militar, una tropa propia armada con soldados extranjeros y con altos sueldos, que es lo que está demorando y generando dudas sobre cómo será efectivamente este final.

Entretanto, el Banco Mundial anunció ayer su disposición a operar inmediatamente junto a las nuevas autoridades para la reconstrucción del país. Y Londres, afirmó que liberaría los 20 mil millones de dólares de la dictadura que había congelado en el inicio de la rebelión. Fueron dos gestos para quitarle los últimos tramos de espacio de maniobra a Kadafi y obligarlo a salir de su escondite.

Pero también en esos anuncios iba la mano de las capitales del norte Mundial, que sostuvieron la ofensiva de la OTAN y que reclamarán ahora su parte en el reparto. Un eje claro, obviamente, mantener como ha sido hasta ahora el negocio petrolero que controlan un puñado de empresas internacionales. Y abrir rubros comerciales que están pendientes, como el turismo, según le dijeron a este cronista en marzo miembros del gobierno rebelde en Bengazi.

El paradero de Kadafi y su destino es una de las grandes incógnitas que abre este último capítulo de la crisis. Es muy probable que, de ser detenido, le toque el mismo destino que al déspota iraquí Saddam Hussein, juzgado y llevado a la horca. La otra incógnita central, es cómo se resolverá la transición en un país donde no hay partidos políticos, un gran sector de la población cree sólo en la ley islámica de la sharía y que construyó un gobierno paralelo hoy reconocido en todo el mundo integrado por los ex ministros de Kadafi, a quienes el dictador había reclutado para abrir la economía, privatizar la banca y concentrar el ingreso.

Fuente: clarin.com