Una y otra vez: Efectos de bonanzas y crisis

Los contundentes resultados de las elecciones primarias muestran a una sociedad que esencialmente no quiere cambios, y que el manto de la bonanza económica ha sido priorizado frente a otros valores.

Vuelve a salir a la luz un argumento escrito antes: el crecimiento de la economía y la demanda cívica mantienen una correlación inversa. En los momentos en que hay consumo y crecimiento, la demanda de la ciudadanía por bienes intangibles, como la calidad de la política o de la democracia, tiende a declinar. La paradoja es que si bien el crecimiento económico mejora la calidad de vida de la población en el corto plazo, puede arriesgarlo en el largo, al funcionar como un fármaco enlentecedor de las funciones nerviosas y un relajador de las demandas de cambio estructural. En los estudios más recientes sobre la noción de calidad institucional, hay consenso de que se trata de una fuente decisiva para lograr un desarrollo económico sostenible. También en la bonanza las cuestiones de principio o aquellas que tienen connotación moral pierden toda prioridad, como se puede observar en el resultado que obtuvo, con su tipo de discurso, Lilita Carrió.

El bienestar económico acentúa el aspecto conservador de una sociedad, mientras que las crisis activan la voluntad de modificar el statu quo. Pero no sólo aquí ocurriría esto, sino que, si tomamos el ejemplo de lo que ocurre hoy en los países desarrollados, que atraviesan una crisis feroz de endeudamiento y de anemia económica, vemos que las crisis, en cambio, dan lugar a inquietudes de otro orden. Así, en varios de los análisis recientes de economistas renombrados aparecen, como trasfondo del análisis de la crisis, cuestiones morales o decididamente filosóficas. Nouriel Roubini, por ejemplo, señaló que Marx tenía razón parcialmente al afirmar que la globalización, la desenfrenada intermediación financiera y la redistribución del ingreso y la riqueza del trabajo al capital pueden llevar al capitalismo a su autodestrucción.

Por su lado, Mario Blejer toma una frase del Talmud en su artículo para Project-Syndicate para abordar una perspectiva moral que se centra en la naturaleza de la deuda. Y también el prestigioso economista Robert Skidelski estudia en un trabajo reciente las dos actitudes morales diferentes que subyacen a dicho problema de la deuda: la exigencia de pago contra el principio de su condonación. Las crisis abren el espacio a la reflexión, y uno podría preguntarse, por caso, si las revueltas londinenses son sólo fruto de ajustes económicos, o del velo que se descorre en una sociedad una vez que la economía deja de funcionar. Está claro que el crecimiento económico es indispensable, tan claro como que puede convertirse en un adormecedor del deseo y de la voluntad de cambio de la población. Son diferentes efectos de las bonanzas y de las crisis. Si las inquietudes de fondo emergen de estas últimas, tal vez con su comportamiento los hombres las produzcan cada tanto para ponerse en contacto con aquello que necesitan preguntarse una y otra vez.

Por Enrique Valiente Noailles