Recordando a El Negro: Para un amigo

Permanentemente la vida nos sitúa ante la alternativa de tomar decisiones, ínfimas, pequeñas, trascendentes, esperadas, compartidas, equivocadas, razonadas, discutidas. Todas y cada una de ellas nos van marcando el rumbo que tomamos. Decisiones que hablan por nosotros y permiten que los demás vean los valores con los cuales nos manejamos, cuáles son los que adoptamos y cuáles los que desechamos.

Nunca más cierto que el hombre es el hombre y sus circunstancias y ahora, cuando a través de su libro uno repasa la vida de Mario Aguirre -teniendo la posibilidad de usar sus zapatos-, comprende muchas de sus decisiones y ve que si no hubiera sido cabecita negra o peronista, no habría tenido cabida en otro lado acorde con los sentimientos e ideología que impregnan su persona. Como él acostumbraba a decir, lo parieron ahí políticamente.

En otra época hubiera estado con los negros que traían en barco del África y terminaban extinguidos por la fiebre amarilla; en la Santa Fe de sus amores y dolores, peleando junto al Libertador en las costas del Paraná; como un nativo más de Baradero hubiera acompañado a Bernabé de San Martín o hubiera sido, por qué no, uno de los tantos indios perseguidos por el ejército del General Roca.

No es fácil imaginarlo en otra actitud, provenía de un hogar humilde y de trabajadores, similar al que formó con Adelina, su compañera de toda la vida.

Sus compañeros  de siempre, consustanciados en la misma ideología, integraron lo que se dio en llamar el Rosario Industrial, una fuerza pujante de trabajadores que marcaba el rumbo de la lucha de pobres y excluidos.

La síntesis de una de las tantas luchas contra los gobiernos de facto de turno fue el Rosariazo, que lo tuvo como protagonista involuntario empujado por sus compañeros de ATE, de las 62 y la combativa CGT de los Argentinos.

Poder ir descubriendo al Negro siempre en cada una de las oportunidades que más cerca del poder se encontraba, con una inequívoca decisión se alejaba y volvía con sus compañeros trabajadores. Como solía decir él: “La política, en su prístina esencia, no es lo que conocemos y por eso acumulamos derrota tras derrota”.

Con brutal honestidad habló siempre de sus errores, lo que permite acercarse más al hombre y no al dirigente; más al amigo y no al político; más al compañero y no al líder nato que siempre fue y nunca quiso ni aceptó ser.

Los hombres perfilan su vida, lo difícil es contarla, más cuando coincide con la historia política de un país. El Negro nos ofreció sin  mezquindad una oportunidad inmejorable de conocer nuestro pasado desde el punto de vista de un dirigente político sindical de base, honesto, cuya única ilusión fue luchar por una Patria grande, libre y soberana que nos permita vivir  con dignidad.

El mensaje que nos transmitió jamás estuvo oculto, siempre fue un grito en que sólo se vislumbraba una esperanza: SE PUEDE

La figura entrañable del Negro atraviesa ya un año de su partida. No solamente en esta forma rampante que es la de su vida, con un fin libertario que adquirió fama a través de sus luchas que tuvieron y adquirieron relevancia nacional e internacional en el campo político sindical, no sólo en su historia, sino que también atraviesa el tiempo y las épocas lo que ha sido una figura profundamente emparentada con la austeridad”.

Porque no tuvo, en su propio tiempo y en su época a pesar de que después los desencuentros fueron mayores, un reconocimiento importante y tuvo cuotas de poder trascendentes y la oportunidad de beneficiarse con lo público. Sin embargo, la figura del Negro no estuvo ligada de ningún modo a la búsqueda de un beneficio propio cuando tuvo la oportunidad de tomar decisiones en lo público”.

En la misma línea, puedo afirmar que por el contrario, este hombre ejemplar pero no único, ni exclusivo de un momento, si no que también se ha reproducido en muchos gracias a su prédica, fue un hombre de nuestro país capaz de un brillo intelectual que lo llevaron a esos triunfos políticos-sindicales que le otorgaron un lugar de predicamento y preponderancia y que no fueron usados en su propio beneficio.

Otro aspecto, era de una rectitud moral, no levantaba la voz en su propio elogio. Sus principios éticos fueron constatados no tanto por la resonancia de un discurso como por la consecuente sumatoria de actitudes a lo largo de toda una vida.

La dimensión de un prócer tiene la posibilidad de reproducirse en la dimensión cotidiana de nuestros días, quizás el Negro no haya sido ese prócer pero sí puedo sostener que ha sido un padre, esposo y amigo ejemplar y que esa dimensión transciende mas allá de su desaparición física.

Querido Negro, a un año de tu partida te recuerdo como siempre y te agradezco desde el fondo de mi corazón haberme permitido tenerte como padre y amigo a la vez. Hasta la victoria siempre. Tu amigo que no te olvida. MAV