Detrás de los policías privados

Un narcotraficante escapó de la alcaidía de policía de la Unidad Regional II, con asiento en Rosario, escoltado de dos suboficiales y un oficial. Fue en julio de este año. La imagen fue filmada por las cámaras de seguridad. Con el tiempo se verificó dinero en los bolsillos de los uniformados. Desde la sede misma de la policía santafesina en la principal ciudad de la provincia, los que debían garantizar que el vendedor de drogas no saliera a la calle, lo escoltaron. Casi una provocación.

Fue un claro hecho de corrupción.

Y surgió un recuerdo: un grupo de uniformados quiso, no hace muchos años atrás, constituir un sindicato y su principal consigna era que la inseguridad era consecuencia de la corrupción policial política.

Desde hace mucho tiempo, en la provincia con forma de bota y nombre religioso, se sabe que el delito organizado siempre tiene una pata policial.

Las famosas e invencibles cajas negras.

También se conoce que muchos de los militares y policías que trabajaron durante el terrorismo de estado encontraron una lucrativa salida laboral en la constitución y evolución de las agencias de seguridad privada.

De allí que los últimos números sobre el crecimiento de estas empresas también puede ser leído como la triste comprobación de una matriz por ahora inmodificable. La trama siempre viva que relaciona factores de poder político, económicos y policiales que garantizan negocios ilegales y multiplican la inseguridad entre los integrantes de las mayorías santafesinas.

En el año 2000 se contabilizaban 30 agencias privadas, hoy, once años después, ya suman 116.

En forma paralela, los policías privados ya suman 6.260 contra los 900 del último año del siglo pasado.

-La seguridad privada es un complemento de la seguridad pública – dijo Ana Boglione, titular de la Dirección Provincial de Control de Agencias Privadas.

“Este aumento hay que analizarlo en un concepto de lo que ha significado un crecimiento comercial de la ciudad y de todo lo que lo que es el cordón industrial. Todo el crecimiento en el sector de puertos ha generado un repunte de la actividad. Esta es una variable de análisis que no debe escapar”, apuntó la funcionaria.

“Hemos avanzado mucho en el control estatal de las agencias de seguridad. Uno de ellos tiene que ver con el trabajo conjunto que se hace con la cámara santafesina. Se hicieron controles juntamente con el Ministerio de Trabajo, a través de un convenio firmado con la cámara santafesina que sirve para el control. Existe una página oficial, un registro en el que se puede consultar si una empresa está habilitada. Más allá de la resolución vigente, esta ley ha sido complementada a través de otras resoluciones dictadas por esta dirección que fue subsanando algunas cuestiones que no se consideraron en su momento”, remarcó.

Lo que no se dice desde las esferas oficiales que de acuerdo a la cantidad de habitantes, la provincia de Santa Fe es uno de los territorios con mayor cantidad de policías oficiales. Por lo tanto, la necesidad de seguridad privada se explica no por la cantidad, si no por la calidad, por lo que hacen los uniformados estatales.

Entre ambos grupos, en definitiva, los encargados de la seguridad privada como la estatal, generan un negocio donde lo que más importa no es el cuidado del pueblo si no la explotación mercantil de sus miedos.

Por Carlos del Frade (APe).-