Casi nadie habló de la mujer muerta: El fuego que cayó del cielo

Casi nadie habló de la mujer muerta. Tal vez porque era peruana o paraguaya, no lo informaron con precisión. Mucho menos hablaron de los heridos. Todos habitantes de El Zaizar, un barrio de 9 de abril, la localidad más humilde de Esteban Echeverría. Los periodistas, desorientados entre calles de tierra, zanjones y pastizales, no sabían bien qué territorio pisaban. Y se desayunaban con que en la zona no hay red de gas natural. Las sospechas entonces apuntaron a las garrafas y desecharon lo que decía haber visto la gente: un fuego que cayó del cielo.

Los bomberos voluntarios no sabían qué decir y no decían nada. Los periodistas pretendían que fueran expertos en astrofísica si es que existe alguna ciencia llamada así. Llamaron al decano de la facultad de astronomía de La Plata y dijo que era posible que un meteorito o chatarra espacial hubiese ido a caer sobre esa pobre gente.

El ministro de Seguridad bonaerense aterrizó en la zona para caminar un poco entre los escombros. Dijo que no se habían encontrado cráteres. Una mujer contó que una hora antes de la explosión habían empezado a caer piedras sobre los techos, pero nadie le llevó el apunte. Un muchacho mostró una foto con algo parecido a un cometa que caía del cielo y lo metieron preso por falso testimonio.

Mientras tanto la mujer, peruana o paraguaya, había pasado al lejanísimo plano de las muertes insignificantes. Los heridos, invisibles como sus heridas,  se atendían en el Hospital Santamarina, al que casi todos los periodistas llamaban Santa María mientras informaban que 9 de abril es una ciudad de Monte Grande, que en realidad es otra ciudad, cabecera de un partido llamado Esteban Echeverría, que casi nadie sabe dónde queda.

En el lugar se hicieron presentes más de 100 personas, policías federales, provinciales, rescatistas, empleados municipales y hasta una brigada de riesgos especiales en busca de posibles restos radioactivos. Dicen que hasta llegaron a movilizarse algunos científicos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) pero que por algún motivo no pudieron llegar a 9 de abril.

Hoy, la versión de los peritos descarta el meteorito o la chatarra espacial y se inclina por la versión de “un escape de gas potenciado por factores externos”, que nadie explicó. Alguien habló de un antiguo basural y gases prisioneros bajo tierra como el alma de los viejos dinosaurios.

Entre tanto, los vecinos siguen y seguirán hablando durante mucho tiempo del fuego que cayó del cielo en la madrugada del 26 de septiembre y de la terrible explosión que mató a una mujer, dejó nueve heridos, destruyó dos casas, tres autos e hizo temblar los vidrios desde Ezeiza hasta Temperley.

Por Miguel A. Semán (APe).-