Para pensar juntos: Mes de la familia

Tradicionalmente al mes de octubre se lo conoce como el Mes de la Familia, por celebrarse en él el Día de la Madre. Hay muchas razones para unir ambas celebraciones y agradecer en ellas tanto el don de la vida, como su necesario acompañamiento. La vida necesita del amor de la madre y del ámbito de una familia para su desarrollo, y la familia, a su vez, recibe con gozo el don de la vida que compromete y fortalece sus vínculos. El cuidado de la vida reclama la presencia de una familia. Qué triste cuando a este don no se lo vive con la responsabilidad que merece, las consecuencias se ven reflejadas en los hijos.

Es cierto que hay situaciones conflictivas que requieren una atención particular, incluso en defensa de la misma vida, pero separar vida y familia termina empobreciendo a los padres como a la sociedad, y compromete el normal crecimiento de los hijos. La Familia pertenece a esas realidades que es difícil de definir porque son un espacio natural de vida y afecto, como la fuente primera de esas relaciones fundantes de paternidad, maternidad y fraternidad que sostienen a la misma vida. Es común decir que la Familia es la primera escuela de vida y de los derechos humanos. No se proclaman, en ella se viven. Cuánta responsabilidad les cabe a los padres como maestros de esta escuela, asumir el rol que les pertenece.

Al mundo de hoy le cuesta entender o aceptar la noción de naturaleza como algo que nos antecede y acompaña, y que es la base del derecho natural. Parecería que todo depende de nuestra decisión creativa, como de un absoluto creador que no tiene límites. Hablar de la existencia de una ley natural, como fundamento de nuestra condición humana, no es un límite a mi condición de hombre libre, sino la comprensión de nuestra verdad como seres creados. Tocamos aquí, necesariamente, el ámbito de la filosofía y de la teología, como fundamentos últimos de la vida del hombre. La Familia vista desde la fe y según el designio de Dios creador del hombre, varón y mujer, es “el lugar primario de la humanización de la persona y de la sociedad” (Ch. L. 40). Dios Creador, en cuanto principio del orden natural, es garantía de la verdad del hombre.

Si bien la familia tiene aspectos culturales y presenta roles y actitudes marcados por el tiempo, sin embargo, hay algo que le es propio y la define. Por ello, defender a la familia fundada sobre la complementariedad del hombre y la mujer como fuente de vida y primer cuidado del niño, no es defender una bandera del pasado o un discurso de la derecha, sino un acto de profunda sabiduría sobre la condición humana que se convierte, por su misma razón, en una actitud profética respecto al mundo que debemos construir. En torno a la familia se juega, en gran medida, el nivel humano y moral de la humanidad. Su lugar no lo puede ocupar el Estado, pero sí le corresponde a él reconocerla y protegerla. Por ello el tema de la Familia es, también, un tema político que hace a la vida de la sociedad. Ella no puede quedar relegada al ámbito de lo privado sin la presencia de un Estado que con sus leyes la sostenga, garantice y promueva.

Acompañando de un modo especial a todas las familias que viven el dolor por la ausencia de un ser querido, como también a aquellas que sufren la precariedad de medios e incluso la pobreza, y a tantas otras que viven en silencio el dolor moral de algunos de sus miembros, quiero hacerles llegar una palabra de esperanza, que surge de mi fe en Dios, que es Padre de todos y de la verdad de lo que son ustedes, sus hijos, para que puedan mirar con ojos de amor, y tal vez de reconciliación, esa realidad que les pertenece y de la cual son testigos responsables.