La lectura en los tiempos de Internet: Ofrecen recetas para amigar a los chicos con los libros

Si los adultos no leen, los niños y adolescentes copiarán ese mal hábito. Y los adultos leen poco y nada. Bibliotecarias y docentes de distintas escuelas de la Ciudad apuntaron -y dispararon sin dar rodeos- a la falta de incentivo en el seno de las familias a la hora de responder porqué los chicos eluden la lectura. No obstante, todas coincidieron en que amigar a los jóvenes con los libros es una tarea posible y hasta sencilla si se toman ciertos caminos, como el del juego, el de empezar por la libre elección de los textos y el de no atar siempre la acción de leer a un trabajo escolar obligatorio.

Ana María Espósito está considerada una institución dentro de otra. Bibliotecaria de la Escuela Nº 19, a sus 67 años ya lleva 50 en la docencia. Y en el colegio de 41 y 22 está a cargo de la biblioteca desde 1985. “Los chicos leen poco porque no se los incentiva en la casa”, arranca, y, acto seguido, espeta: “Tampoco lo hacen algunas maestras. Y hay que tener en cuenta que la docente debe ser un modelo”.

El problema empieza en casa. Pero, para Ana María, parece no terminar allí. “Hay maestras y profesores que no les leen. Hasta el día de hoy me cruzo con chicos que ya están en la secundaria y me expresan cuánto extrañan las jornadas de lectura en la biblioteca”, dice.

GANAS Y PACIENCIA

Las observaciones de la docente encuentran su correlato en la Biblioteca de la UNLP, donde el viernes se llevó a cabo una actividad especial con motivo de la novena jornada nacional de lectura, y en el testimonio de Erika Constantinides, la profesora de Literatura del 3º año de la Técnica 5 que participó del evento.

La vicedirectora de la Biblioteca Pública de 7 y 60, Lorena Miranda, avaló de algún modo -sin saberlo- la teoría de que no todos los docentes hacen hincapié en la lectura. “El año pasado lanzamos una amplia convocatoria en las escuelas, y sólo respondió la Técnica de Villa Elvira. Entonces, esta vez no hicimos ninguna campaña, pero las profesoras de ese colegio llamaron para averiguar si íbamos a repetir la experiencia, y aquí están”, comentó, para añadir que “al parecer hay muchos problemas burocráticos, como conseguir permisos de los padres y demás, pero estas profes le ponen muchas ganas y están muy encima de los chicos”.

Una de esas “profes” es Erika, quien, también sin saberlo, coincidió con Ana Espósito en la necesidad de que los docentes deben incentivar la lectura en clase. “Si se les pide que lean en la casa no lo hacen. Es que en las familias no está instalado el hábito, sobre todo porque los padres de los chicos son muy jóvenes”, apunta, realzando la idea de que el problema no viene con esta generación ni mucho menos. ¿Entonces? “Leemos en clase. Y siempre tratamos de ‘entrarles’ dejándolos elegir lo que les gusta. Lleva tiempo, pero terminan tomándole el gusto. Prefieren los relatos policiales y los textos teatrales, les encanta leer en voz alta y ponerse en el lugar de los personajes”, enfatiza.

SOLO POR PLACER

En la Biblioteca de la UNLP realizaron una competencia por equipos. Debían responder preguntas en base a libros. Los alumnos se compenetraron de tal forma que las docentes propusieron “darles clase siempre acá”, desatando risas entre todos los presentes.

La parte lúdica es fundamental. “Siempre representamos lo que leemos. O realizamos diapositivas artesanales sobre los relatos con los niños de 1º grado. Ni hablar lo que se puede lograr con los mayores”, exclama Ana Espósito.

La bibliotecaria afirma que “al chico se llega si se buscan estos caminos que le hagan atractiva la lectura”, señala y brinda otras recetas. “También hay que cambiarlo de ambiente. Traerlo a la biblioteca. Pero lo más importante es que lo perciban como una actividad que se hace por placer, porque si después de leer un cuento le hacen 20 preguntas, no sirve”, sostiene.

Luego de 3 años al frente de la biblioteca de la Escuela Nº 5 -1 y 38-, Luciana González opina que “realmente cuesta mucho hacerlos leer, más hoy en día con tanta tecnología de por medio. Pero se puede lograr”, enfatiza.

¿Cómo? La receta de Luciana es la misma que la de Ana María y la de Erika. “La lectura libre es un incentivo enorme para que se acerquen con ganas a los libros”, dice y comenta que en el colegio tienen “una caja de historietas, otra con libros de animales y otra con literatura. Las dos primeras los atrapa. Y leen. Es el punto de partida, sobre todo para los más chiquitos”, apunta.

400 ALUMNOS, UNA MADRE

El tema de los adultos vuelve a escena. “Si en la casa ven mucha televisión, tienen todo el día la compu a disposición y no ven a sus familiares con un libro en la mano, ellos los imitarán. Para hoy (por el viernes, día de la maratón nacional de lectura) invitamos a los padres. Sólo vino una madre, y tenemos más de 400 alumnos”, señaló González sin disimular su preocupación.

“Leen lo justo y necesario, lo que les piden en la escuela. Es que si en casa no hay hábito de lectura…”, dice y hace un silencio Silvina Carriazo, bibliotecaria de las escuelas 10 y 11.

Esa teoría, para Silvina, se demuestra con el paso de los años. “Por mi experiencia, los más chiquitos tienen más interés. Pero a medida que crecen se alejan de la lectura, por influencia de lo que pasa en la casa o de las tecnologías que les proporcionan información rápida”. “La biblioteca de una escuela siempre debe contar con cosas nuevas y atractivas, para poder tocarlas, revolverlas y llevarlas a casa sin pagar. Algo así como el ideal de una tienda de ropa”, compara y ríe.