Para pensar juntos: Mojarse bajo el aguacero

Hace unos días transitaba por una de las carreteras del sur de mi país, salía de San Juan de la Maguana hacia Santo Domingo; llovía a torrentes, era para guarecerse de la lluvia y esperar que pasara. Sin embargo a medida que avanzábamos en el vehículo notaba algo particular, y era que la gente que vivía en pequeños poblados cerca de la carretera caminaba bajo la lluvia con una especie de libertad y despreocupación que particularmente me asombre muchísimo. Veía a los niños jugar con gomas de bicicletas, los jóvenes caminar en saltos, adultos recostados en muros hablando como si nada, definitivamente estaban disfrutando “mojarse bajo el aguacero”. Vino a mi memoria tantos recuerdos…

“Mojarse bajo el aguacero”, era la expresión que usábamos (y todavía se usa) cuando de pequeños pedíamos permiso a nuestros padres para que nos dejaran salir a mojarnos cuando llovía. Recuerdo que en las calles de mi vecindario los niños varones salían a las calles, mi hermano era uno de ellos; mientras que las chicas solíamos hacerlo en el jardín o en el patio trasero… recuerdo de manera particular el agua que salía por una tubería del techo, un rico “caño de agua”. ¡Cuánta libertad de espíritu! Sin embargo, en estos tiempos cuando vemos que empiezan a caer unas gotitas de agua del cielo, corremos a buscar donde meternos o rápidamente abrimos una sombrilla.

Libertad de espíritu. Este es un concepto que me atrae poderosamente la atención y me llama mucho a la reflexión. Primero porque hemos confundido la libertad con el libertinaje y luego, entre otras cosas, veo que estamos tan atados a naderías, costumbres creadas por uno, complejos, vanidades, inseguridades, temores humanos, etc., que nos hacen esclavos de todas esas cosas y terminamos perdiendo la libertad interior y siendo esclavos de nosotros mismos.

Atendiendo a la necesidad de librarnos de esta esclavitud que viene de nosotros mismos y de la sociedad, y cuyo origen es el pecado original, es que se puede comprender la acción liberadora de Jesucristo. San Pablo dice que para ser libres nos liberó Cristo y que no nos dejemos esclavizar por nada. Las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo y su acción salvadora nos hace ver que en su Gracia, en el cumplimiento de los mandamientos, la vida sencilla y alegre, el amor a Dios y a los demás, la negación a nosotros mismos, etc. encontramos las armas para vivir esa libertad de los hijos de Dios.

Al ver aquellas personas mojarse bajo el aguacero, caminar libremente y disfrutando el agua que caía sobre sus cuerpos, y al recordar esos momentos de mí infancia donde hacia lo mismo, me doy cuenta de que nos vamos llenando de tantas tonterías que nos atan la espontaneidad y naturalidad del ser. ¡Ojo! Que nada tiene que ver con hacer lo que a uno le venga en ganas; sino de tener esa libertad de espíritu que nos hace adaptarnos a las circunstancias, a las personas y a los lugares. Libertad que nos lleva a creer en Dios, aunque no entendamos nada, a reírnos de nuestras propias vicisitudes, comer lo que tengamos, a ver como un detalle del Cielo la cosa más pequeña que encontremos en el camino y como lenguaje divino los acontecimientos que nos pasan.

“Mójate bajo el aguacero”, es decir, no permitas que “el qué dirán” te atrape. Se libre para cumplir la Voluntad de Dios.