Pero allí no están los electrodomésticos: Consumo si, heladeras no

El famoso boom del consumo de la Argentina kirchnerista parece basarse en las netbooks, los televisores de plasma y la televisión de alta definición.

Esa es, por lo menos, una de las principales postales.

Se sabe, por otra parte, que el consumo es la esencia del capitalismo.

Consumir para resultar consumido, dirían los críticos del sistema.

Pero hay otras visiones.

Hay algunos intelectuales muy respetables que hablan del consumo popular como oposición al imperativo categórico de comprar de acuerdo a necesidades artificiales por encima de las reales.

La presidenta de la Nación remarca como uno de los pilares de su gobierno justamente este tipo de consumo.

No está mal que el pueblo pueda comprar aquello que necesita, aquello que le gusta. No está mal.

El problema es cuando el consumo deja de lado cuestiones esenciales a la hora de pensar la vida cotidiana del siglo veintiuno.

Allí, en medio de esa situación, es necesario preguntarse por qué hay determinado boom de consumismo y faltan elementos necesarios para mucha gente.

De acuerdo a un informe elaborado por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, en 720 mil hogares argentinos faltan heladeras.

Alrededor de 2,4 millones de personas son las que no tienen este electrodoméstico fundamental para la existencia diaria.

El estudio “destaca que el mayor déficit de refrigeradores se encuentra en las provincias donde el rigor del clima hace más indispensable todavía su uso para conservar alimentos y medicamentos. A partir de los datos definitivos del Censo, se detectó que en el Noroeste y Nordeste –con excepción de la provincia de Entre Ríos– la falta de una heladera en el hogar afecta en promedio a uno de cada 7,4 grupos habitacionales, con un extremo de uno cada cinco hogares en la provincia de Formosa”, sostiene la investigación.

Las provincias más castigadas por el empobrecimiento son también las que más necesitan algo básico para la historia de todos los días como son las heladeras.

Pero allí no están los electrodomésticos.

Parece mentira que falten tantas heladeras.

Es casi la vuelta de campana a uno de los tantos latiguillos con los que se hizo impugnar la experiencia histórica de los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón.

Todavía se recuerda que en el primer gobierno peronista, aquel de la sustitución de importaciones, las heladeras y los lavarropas formaron parte del crecimiento del llamado mercado interno.

Era la línea blanca de la industria.

Un desarrollo importante que no solamente daba respuestas a las urgencias del pueblo si no también trabajo a muchas pibas y pibes en las grandes ciudades. Hasta derivó en una discusión política que se redujo a una consigna que atravesó las décadas: caramelos o acero. Que quería decir industria liviana para el mercado interno o industria pesada para el desarrollo.

Pero hoy, a más de sesenta y cinco años de todo aquel primer peronismo, las heladeras vuelven al centro del escenario político argentino pero por su ausencia más que por su presencia.

Por un lado, la falta de heladeras señala que el boom del consumo tiene límites muy concretos y, por el otro, marca la continuidad de necesidades materiales vitales para la vida de las mayorías argentinas.

Como si la consigna fuera, consumo si, heladeras no.

Por Carlos del Frade (APe).-