Con un gol de Cvitanich: Boca inició con el pie derecho la defensa del título

Venció por 2-0 como local a Olimpo con goles de Cvitanich y Mouche. El equipo de Falcioni mantuvo su invicto y alcanzó los 31 partidos oficiales sin derrotas. El martes debuta en la Libertadores ante Zamora en Venezuela.

ABRAZO. Cvitanich abraza y señala a Mouche que lo habilitó en el primero y anotó el segundo. (Afp)

De vez en cuando el fútbol, como la vida misma, transita por la ruta de la lógica más pura. ¿Qué debía esperarse del cruce entre el campeón invicto del pasado Apertura -también pretendiente sólido a quedarse con la Copa Libertadores de América en este semestre- y el máximo candidato, de acuerdo con el rigor de los números, a perder la categoría? Pues en la Bombonera pasó lo que debía suceder: Boca venció a este Olimpo que hizo pie mientras pudo y que después cayó luchando.

No fue, de todos modos, un recorrido llano el de Boca por este partido. Sirve de ejemplo inicial la primera media hora: Olimpo -con lo que tiene- ofreció prolijidad para defender, recortó espacios hacia atrás, quitó casi sin infracciones cerca de su área y atacó cuando observó agujeros en el fondo rival. Con eso le alcanzó para incomodar a un Boca despojado de encantos y de juego, a partir de que Juan Román Riquelme estaba lejos del armado y de la pelota.

El equipo de Falcioni parecía anclado en su cita más reciente, la primera oficial de este 2012: ese partido sorprendente frente a Ramón Santamarina de Tandil (equipo del Torneo Argentino A), por la Copa Argentina, en Salta. Como en esa ocasión, Boca comenzó lento, manso, carente de búsqueda ofensiva. Y también padeció: no sólo porque no encontraba la pelota, también porque en la primera llegada casi se queda en desventaja. Anoche, a los 16 segundos, Agustín Orion -como en la Copa frente a Martín Michel- evitó que Andrés Franzoia, tras un centro de Emiliano Romero, diera el golpe en la Bombonera.

Ante ese escenario de juego, Olimpo administraba con criterio la pelota a partir de su dúo de mediocampistas central, Ariel Rosada y Damián Musto. Boca, asombrado, tardó 25 minutos en generar cierto peligro en el arco de Matías Ibáñez, a través de un tiro libre de Riquelme que no llegó a conectar Darío Cvitanich. Cuatro minutos antes, Boca había pateado por primera vez al arco (remate alto de Diego Rivero). Un síntoma de ese momento del partido.

Pero Boca cuenta también con argumentos individuales para resolver inconvenientes o circunstancias adversas: cuando en el último cuarto de hora de la primera mitad apareció Román, el equipo ofreció una versión más propia de su condición de campeón. Por eso, el gol -a los 40 minutos- no fue una casualidad: salida de un tiro libre, pase notable -un estiletazo- de Riquelme, cabezazo de Pablo Mouche y definición de Cvitanich. Una a cero. Una consecuencia que no retrataba lo que el campo había mostrado; un premio exagerado para ese Boca desparejo.

El segundo tiempo comenzó como el partido. Con un Olimpo que se animó y se adueñó de la pelota. Y hasta llegó: Andrés Franzoia tuvo dos chances claras, pero no pudo contra su falta de precisión y mucho menos contra Orion.

Sin embargo, volvió a quedar claro: no es casualidad que un equipo llegue a 30 partidos consecutivos sin derrotas en el fútbol argentino. Y ese es el caso de este Boca que, más allá de cuestiones de gustos, sigue su marcha. Ayer, en el segundo tiempo, sin brillar, sin desplegar un juego de alto vuelo, liquidó el partido tras ese inicio audaz del equipo bahiense. Le alcanzó -otra vez- con los destellos de Riquelme, la constancia de Mouche, la solidez de Leandro Somoza y esa garantía de cero que frecuentemente ofrecen la defensa y el arquero (en el Apertura, estableció un récord con seis tantos recibidos en 19 fechas). El gol que clausuró las chances de Olimpo en el partido sucedió a los 21 minutos: jugada de Riquelme a lo Riquelme, pase impecable para Mouche y definición del delantero, tras un rebote en Ibáñez.

Lo que continuó fueron 24 minutos de decoración. Pudo haber ampliado la ventaja Boca; ya no había espacio para la remontada épica de Olimpo. Entonces, Falcioni se dio lujos propios de un equipo granítico: prescindió de su conductor. Faltando diez minutos, lo sacó a Riquelme para que escuchara aplausos. Los mismos que acompañaron al campeón en el final de esta victoria previsible. Lógica pura.

Fuente: clarin.com