Reflexión en Semana Santa: Por hablar del motor que mueve al mundo, el amor

Sucedió hace casi 2.000 años, cuando un Hombre maravilloso que era Dios, y Hombre a la vez, vino a decirnos: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, nos aclaró e hizo vida esa ley natural que Dios pone en el corazón del hombre al momento de nacer; y a cambio fue horriblemente masacrado y muerto en la cruz, por hablar del motor que mueve al mundo: el amor.

Hoy, en el momento que vive el mundo con todos sus contrastes, grandezas y miserias, nos recuerda ese capítulo que sucedió en el año 33 de nuestra era. Estamos en la era de la solidaridad, pero también de un feroz individualismo.

Amamos la libertad quizás como nunca ha sido amada, pero anda empobrecida por falta de búsqueda seria de la verdad y el bien.

Es tiempo de libertad religiosa, pero se mata por la causa de un dios que no es Dios, o se la persigue solapadamente relegándola, mientras buena parte del mundo prescinde de Dios; se han creado otros dioses porque el hombre necesita algo para orientarse, aunque sea en falso, ahora se proclaman casi dioses los gobernantes de muchos países que se ahogaron en el poder y quieren perennizarse, así tengan que pasar por encima de todo el pueblo.

En muchos países se aprueba el derecho de la mujer a decidir qué quiere hacer con su cuerpo, y en este intento confunde al nuevo ser que lleva en su vientre como parte del mismo, aunque científicamente esté probado que no lo es; y así se ve que con estas leyes de “aborto terapéutico” no se resuelve nada, y lo peor no es la aprobación del aborto de menores sin permiso paterno, sino la transformación de un delito despenalizado, en un “derecho” de la mujer.

Otro despropósito es la ley de género, o ideología de género, que se quiere imponer en todos los países que tratan de imitar el socialismo del siglo XXI europeo, que convierte de mujeres a hombres y viceversa con un sencillo trámite.

Se toman decisiones que van en contra de la verdad y la libertad, por obtener votos en elecciones gubernamentales…; para estos líderes o caudillos no hay más verdad admisible que la impuesta por ese pensamiento, detrás del que hay una auténtica fórmula: relativismo, es decir incapacidad para reconocer la verdad única, lo cual permite que todo el mundo tenga su propia verdad.

La falta de ética –en todos los campos– desnaturaliza personas, pensamiento, quehaceres y cosas. Se han ido diseñando una sociedad y un hombre abstractos a la medida del pensamiento de algunos.

Todo esto se traduce en la crisis económica que padecemos, fruto brutal de la codicia y la mentira, bien propiciadas por la elaboración inconsciente de un hombre peor, que produce frutos peores.

Y eso es violencia y raíz de toda violencia.

Y luego nos preguntamos, ¿por qué ha crecido tanto la delincuencia en nuestro país? ¿Dónde están los hogares que se destruyen por el egoísmo de los cónyuges? En la medida que la familia fracase, fracasarán la sociedad y el país.

En esta Semana Santa, semana de reflexión, volvamos a tomar nuestras raíces verdaderas, “solo la verdad os hará libres”, dijo Jesús; pero no mi verdad ni tu verdad, sino “la Verdad” que es la adhesión a los valores fundamentales que Él nos vino a dejar; que constituyen la base de la sana convivencia y la esperanza de ser mejores en Él, que dio la vida por cada uno de nosotros para permitirnos algún día, si nos adherimos a su enseñanza, gozar de una vida maravillosa “que ojo alguno ha visto”; la dicha de encontrarnos con nuestro Creador y único dueño de todo.

Por Eleana Endara Borja