Una realidad oculta para muchos baraderenses.

Muchas veces los hechos se encadenan y encuentra uno, sin proponérselo, cosas que no había pensado que hallaría. Así sucedió la semana pasada cuando, a raíz de nuestras frecuentes notas acerca de lo que está pasando con la ocupación de los terrenos fiscales de la calle Emilio Genoud, escuchamos a una mujer preguntar sin quedaba algún lote disponible. Quien preguntaba era una persona joven a la que vimos inquieta, vivamente interesada por conseguir un sitio para afincarse.

Esperamos a que fuera satisfecha su indagatoria y entonces quisimos saber dónde estaba viviendo hasta ahora, un tanto para comprobar si, también en este caso, se daba el “patrón” que corresponde  a la mayoría de quienes ocupan el predio en conflicto y que está referido a que hasta la actualidad vivieron en casa prestada. No era así, la mujer vivía en una pequeña pieza que alquilaba, lejos del centro. Pero, además, había levantado con sus propias manos y casi en soledad, una casita en la zona de las barrancas y cuando quisimos saber dónde nos dijo, “cerca del comedor Tita Arroyo”. Concertamos un encuentro para unos minutos más tarde en el lugar y allí vimos cosas que, creemos, la mayoría de los baraderenses ignora.

El lugar está situado entre el nivel que ocupa el barrio que contiene la sala del comedor “Tita Arroyo” y el de la costa del río Baradero, razón por la cual es un sitio por el que pasan velozmente las aguas pluviales que, además de cubrir todo el terreno, arrastran consigo desperdicios de todo tipo y en gran cantidad los que una vez escurridas las aguas, quedan diseminados por todas partes. En medio de esa suciedad viven personas en condiciones que no queremos calificar para no herirlos, algunos están enfermos y, como no podía ser de otra manera, su condición física se nota muy deteriorada.

No teniendo otro lugar para levantar su refugio, Alejandra, tal el nombre de la mujer, consiguió algunas chapas, maderas y hasta tuvo la suerte de que alguien la ayudara a construir un piso de cemento sobre el que plantó su futura casa. Aunque no lo parezca, esta es una característica destacada, ya que la mayoría de las viviendas de este tipo poseen piso de tierra. Cabe señalar, llegado este punto, que Alejandra trabaja por horas, como empleada doméstica y busca ganarse dignamente sus ingresos.

Párrafo especial necesita el hecho de que construir algo allí implica un esfuerzo extra ya que el acceso al lugar es complicado. Si se lo quiere más directo hay que bajar por una escalera hecha en el mismo terreno de barranca que, por serlo, tiene una peligrosa inclinación, a punto tal que algún vecino colocó un cable a un lado, a manera de pasamanos, para que quien transite pueda asirse a él y vea facilitada la tarea. Si se busca una forma de llegar más segura hay que dar un amplio rodeo que significa caminar varios metros transportando los materiales.

La casita de Alejandra todavía no está terminada, le falta el “toque final” que, también en estos casos, es lo que más cuesta y más tiempo lleva, pero ella, como seguramente ocurrirá con muchos otros baraderenses, quiere vivir en un lugar mejor, menos peligroso para su salud. Sus esperanzas se vieron reencendidas cuando supo que tal vez, si se puede, si las leyes, si los funcionarios… tal vez su suerte podría cambiar.

Fuente y fotos: El Diario de Baradero.