Maternidad adolescente: Cuatro de cada 10 chicos que abandonan la escuela son hijos de una madre joven.

Un estudio reciente pone al descubierto que la maternidad precoz genera no sólo el abandono escolar de la propia mamá sino también de sus hijos. Detalles de un efecto hasta ahora poco conocido

Ni bien cumplió los 14 años, Mariela F. se enteró que iba a ser mamá y, con esa noticia, tomó la decisión inmediata de dejar la escuela. Al principio creyó que el mundo se terminaba. Fue un pánico fugaz que duró lo que dura el pánico, pero enseguida comprendió que, como si fuera la protagonista de una compleja historia circular, lo suyo era exactamente lo mismo que le había pasado a su madre cuando la tuvo a ella y, lugar común en estas historias, también debió decirle adiós a sus estudios secundarios. Mariela ahora tiene 18 años y tres hijos, con los cuales comparte su vida en un hogar para menores de La Plata. Al margen de lo que dice el documento y con la carga inevitable que tiene su pasado de miseria y desigualdad, asume la responsabilidad de ser mamá con una sonrisa y una frase que repite casi como si pidiera disculpas: “Yo se que no voy a poder estudiar, pero voy a tratar que mis hijos sí puedan hacerlo”.

En los tiempos que corren, sus palabras suenan más a quimera que a deseo realizable. Y no se trata de pesimismo, sino de la cruda realidad: la maternidad temprana no sólo condiciona la calidad de vida de la madre joven sino que, además, aumenta las probabilidades de que sus hijos abandonen la escuela, lo que hace a la maternidad precoz, según quienes atienden el tema, en un poderoso factor de reproducción intergeneracional de la pobreza.

Un trabajo reciente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), tomando como bases los datos de la propia Encuesta Permanente de Hogares del Indec, demuestra que casi el 40 por ciento de los chicos que abandonan la escuela tuvieron una madre joven, algo que pone de manifiesto uno de los impactos hasta ahora menos conocidas de ser madre a edad temprana.

Según los datos de Idesa, en la Argentina el 10% de las mujeres menores de 24 años ya es madre. De estas jóvenes, el 80% habita entre los hogares urbanos más pobres y, de ellas, el 70% ya no estudia ni trabaja.

“Se trata de un problema social severo dado que, bajo estas condiciones, es altamente probable que estas jóvenes no sólo sufran un presente signado por la pobreza y las privaciones sino que la situación de marginalidad se mantenga por el resto de sus vidas”, sostienen de manera lapidaria los hacedores del informe.

Así las cosas, como se dijo, tan grave como la pobreza presente y futura de la madre es que la maternidad temprana también opera como un poderoso mecanismo de transmisión intergeneracional de la pobreza. “Esto se produce porque entre las principales consecuencias de las privaciones prevalecientes en un hogar con madre joven -dicen en Idesa-, está la de que sus hijos tienden a abandonar la educación básica con mayor frecuencia”.

NUMEROS AL DESCUBIERTO

En Argentina no se cuenta con información sistematizada sobre maternidad temprana. Sin embargo, la Encuesta Permanente de Hogares del Indec revela que del total de jóvenes urbanos con edades entre 12 y 24 años (5,5 millones), el 35% no asiste a la escuela o abandonó antes de terminar la secundaria.

De estos jóvenes que abandonaron la escuela, el 41% nació cuando su madre era menor de 24 años. Y de estos jóvenes que abandonaron los estudios y nacieron cuando su madre era muy joven, el 69% pertenece al 30% de los hogares más pobres.

“Aunque los datos son aproximados -dicen los responsables del trabajo-, la interconexión entre pobreza, maternidad temprana y abandono escolar son muy fuertes. Al hecho de que la maternidad temprana está asociada con el abandono escolar de las jóvenes madres, se suma que el daño social se prolonga hacia sus hijos ya que es altamente probable que ellos repliquen la experiencia de vida de la madre. Así, la maternidad temprana activa un poderoso mecanismo de reproducción intergeneracional de marginalidad social”.

LUGAR COMUN, LA POBREZA

En un momento en que la sexta parte de los nacimientos de nuestro país corresponde a madres menores de 19 años, el embarazo adolescente aparece como una de las consecuencias principales de la pobreza y marginalidad que envuelve a cientos de miles de jóvenes de nuestro país. Los propios números oficiales lo confirman: según datos tomados del Indec, 8 de cada 10 mujeres jóvenes con hijos viven en la pobreza.

A la hora de desglosar estos números, se precisa que cerca del 10% de las mujeres de entre 15 y 24 años (que equivaldría a unas 340 mil chicas) es jefa de familia o cónyuge y ya tiene un hijo o más de uno. De estas jóvenes, el 80% pertenece a los hogares de los 2 quintiles más pobres, y de este 80% de mujeres jóvenes pobres con hijos, el 30% estudia y/o trabaja y el restante 70% no estudia, ni trabaja.

Volviendo al abandono escolar, los datos del Indec y el informe de Idesa son confirmados a través de distintos estudios: una investigación del Centro Latinoamericano Salud y Mujer basada en encuestas a 171 adolescentes de la capital federal y la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, indica que sólo una de cada tres madres adolescentes logra terminar la escuela.

Según las conclusiones de este trabajo, un 66% de las chicas embarazadas deja la escuela por decisión propia; un 11% por decisión de los padres; un 15% por indicación médica y un 6% porque la escuela no la acepta. Lo más interesante es que entre aquellas que dejan por decisión propia -señala otro informe del Centro de Estudios de Estado y Sociedad-, “el principal motivo de abandono es la vergüenza de ir a clase embarazada”.

En lo que hace a la maternidad adolescente propiamente dicha, los datos oficiales indican que dos de cada tres chicas de nuestro país que se convierten en madres antes de cumplir 19 no lo tenían en sus planes.

Con todo, en un alto porcentaje de esos casos no podría decirse que el embarazo se debió a que ignoraban la existencia de métodos anticonceptivos. El estudio del Centro Latinoamericano Salud y Mujer muestra que, de hecho, más de un 80% de adolescentes embarazadas en la provincia de Buenos Aires sabía que había preservativos y pastillas para cuidarse.

Sobre esto, si bien en Unicef y otras organizaciones coinciden en que la mayoría de los embarazos no planificados en adolescentes se debe a la falta de información sobre la sexualidad y el cuidado del cuerpo, no son pocos los expertos que aseguran que muchas veces la gran causa de esta problemática responde a la dificultad en el acceso a los métodos de prevención.

Para peor, existe también un gran número de estas madres-niñas que las estadísticas no suelen tener en cuenta, embarazadas como consecuencia de abusos y actos de fuerza, mostrando lo serio que es el problema de la violencia familiar y social.

Para ilustrar aún más la magnitud de esta realidad, se debe tener en cuenta que cada día nacen en el país 314 bebes de madres adolescentes: nueve de ellos en la capital federal; 102, en la provincia de Buenos Aires; 14, en el Chaco; otros 15 en Misiones; y 7 en Formosa, entre otros.

Mariela F. no conoce ninguna de estas estadísticas pero es protagonista principal de lo que ellas reflejan.

Hace 18 años, y con apenas 15 recién cumplidos, su madre abandonó la escuela luego de tenerla. Ahora es su hija quien, casi dos décadas después y ya con tres nenes (uno de cuatro años, otro de dos años y medio y una nenita de diez meses), repite la historia del abandono escolar. Un círculo familiar de pobreza y frustración que parece no tener fin. Ella lo trata de explicar cómo puede: “La verdad es que el día de mañana no pienso en estudiar. Lo único que quiero es poder estar tranquila para criar a mis hijos y que ellos puedan ir a la escuela”.

Hasta ahora, lo único que atenta contra su deseo de madre sigue siendo la realidad.