La bisagra de Facundo

Volvió el miedo a Villa Moreno. Habíamos logrado que la gente retomara su ritmo de vida más o menos normal, que el club recuperase a los pibes que juegan a la pelota en la canchita y que durante semanas enteras las doñas no tuvieran miedo de caminar por las calles. Pero el asesinato de Facundo Osuna nos vuelve a poner en retroceso. El problema es que el retroceso parece ser de toda la sociedad frente a las bandas que gozan de protección policial – dice Pedro “Pitu” Salinas, militante del Frente Popular Darío Santillán, de la ciudad de Rosario, a horas nada más de otro crimen de un pibe menor de treinta años, Facundo Osuna, fusilado el jueves 19 de julio.

El había sido protagonista del inicio de hechos violentos que terminó en el triple crimen del primero de enero de 2012.

El 29 de diciembre de 2011, Facundo sufrió una balacera cuyo responsable habría sido Maximiliano Rodríguez que, en los primeros minutos del año, recibió balazos desde una moto. Su padre, Sergio “El Quemado” Rodríguez, entonces, decidió ir a la canchita de Villa Moreno y, junto a otros, fusiló a los tres muchachos.

“Este ataque que sufriera Facundo Osuna es el primer episodio violento cuyo desdichado desenlace es el fusilamiento de nuestros compañeros Adrián Rodriguez, Claudio Suárez y Jeremías Trasante, tres jóvenes militantes del Movimiento 26 de Junio -Frente Popular Darío Santillán- que paradójicamente intentaban construir otra opción de vida junto a muchísimos pibes de los barrios, precisamente junto a esa juventud que encuentra en la organización comunitaria un modo de generar identidad lejos, bien lejos de la violencia y las complicidades que cobija el narcotráfico enquistado en los barrios más desprotegidos de nuestra ciudad”, dice el comunicado emitido por el Frente.

La comisaría 15, la misma de siempre, echó a rodar la idea que se trató de un asesinato pasional y hasta la consecuencia de una pelea por pintar los cordones y las paredes con los colores de Central o los de Ñuls.

Pero lo cierto es que Osuna era un testimonio clave a la hora de analizar por qué se produjeron los crímenes del primero de enero.

-¿Cómo le decimos ahora a los vecinos del barrio que vayan tranquilos a declarar en el juicio oral cuando comience?. Para colmo, Facundo era un testigo al que debía protegerse por más que él mismo rechazó la presencia de un patrullero frente a su casa. Nosotros vamos a exigir una entrevista con el Ministro de Seguridad, Raúl Lamberto que, en los últimos días vivió elogiando la idea de tirar abajo los kioskos de venta de drogas cuando se sabe que eso no hace otra cosa que mudarlos de lugar y que el narcotráfico continúa, entre otras cosas, porque hay muchos policías involucrados, no algunos como dice el gobierno – afirmó Pedro Salinas.

En los más de noventa asesinatos que ya se registraron en Rosario, el crimen de Facundo vuelve a repetir la lógica: chicos menores de veinticinco años, exiliados de la escuela secundaria y del trabajo estable. Pibes consumidores consumidos, soldados de grupos que disputan los territorios barriales y donde el futuro es una ilusión sin sentido.

Para los integrantes del Frente, “indudablemente son tiempos de decisiones fuertes, inconmovibles, que confronten con la propia realidad que se vive en los barrios y no con ficciones de topadoras ajusticiando a perejiles que resultan ser el eslabón más recóndito en la cadena de mando del narcotráfico. Ya son tiempos de quela Justicia, además de apresar a irrelevantes camioneros que trasladan la mercancía, den con las cabezas de este cúmulo de muerte e impunidad que se llama narcotráfico, y que encuentra su razón de ser en la complicidad policial”, apuntan en la parte final de su documento.

El triple crimen de Villa Moreno parece presentar, ahora con el asesinato de Facundo Osuna, la perspectiva de una bisagra: o se cierra por pura impunidad o se abre una instancia nueva desde la justicia y la decisión política.

Las pibas y los pibes merecen una nueva oportunidad en estos arrabales del mundo.

Por Carlos del Frade (APe).-