Adopción: los tiempos de espera no se reducen y llegan hasta los 7 años.

Se estima que la mitad de los chicos institucionalizados estaría en condiciones de ser adoptado.

Armada de paciencia para una espera que, sabe, será larga, Victoria Pereyra se preocupa. Anotada hace seis meses en el Registro de Aspirantes a adoptar, sabe que convertirse en madre adoptiva puede llevarle años. Pero más le inquieta la contracara de su espera: “hay un chico institucionalizado que en este momento puede estar necesitando una familia y no la consigue”, dice.

Victoria es una más en la lista de 290 platenses inscriptos para adoptar, entre quienes la principal preocupación tiene que ver con los plazos: desde distintas ONGs se indica que actualmente, estos pueden alcanzar a los siete años e incluso superar ese lapso.

En este marco, una nueva ley provincial de procedimientos de adopción que tiene media sanción y espera ser tratada en el Senado y la anunciada reforma del Código Civil prometen agilizar los plazos. Pero si bien ambas iniciativas generan fuertes expectativas, no todos se muestran optimistas frente a estos cambios. Hay quienes creen que lo que se necesita es “más que un cambio de leyes, un cambio de mentalidad”. Y quienes entienden que la buena intención de ambas iniciativas puede ser difícil de llevar a la práctica.

Lo que sí se admite es que el clima social en torno a la adopción está cambiando para mejor. Ya no se considera tabú, se toma con naturalidad y aún los nuevos modelos familiares son bien recibidos al inscribirse en el registro de aspirantes.

La pregunta es si el cambio de clima social sumada a la nueva legislación permitirán resolver los problemas de aquellos chicos institucionalizados que, por distintas circunstancias, ven dificultada su inserción en el seno de su familia biológica y encuentran en la adopción el camino para crecer en una familia.

La asistente social y especialista en adopciones Cecilia Médici remite a un trabajo realizado por la psicóloga Ana María Dubanewicz -quien pasó su infancia en ocho institutos de menores distintos- que afirma que todos los chicos menores de 12 años internados en institutos están hoy en condiciones de egresar: la mitad de ellos al seno de su familia de origen. La otra mitad, en adopción.

El cuello de botella -y el debate- se centra en una cuestión: la declaración de la situación de adoptabilidad de los niños. Un elemento harto sensible: las políticas de infancia, centradas en resguardar el interés superior de los chicos, priorizan la revinculación de los niños con su familia de origen.

El problema es que, cuando ese objetivo no se logra, muchos chicos quedan institucionalizados y a la espera de que alguien de su entorno familiar los reclame. Y esto sucede porque, aunque la ley de adopción establece que cumplido un año de abandono moral o material los niños deben ser declarados en estado de adoptabilidad, muchas veces esto no ocurre y los chicos crecen en institutos u hogares hasta que cumplen la mayoría de edad.

Este circuito suele iniciarse en las medidas de abrigo, de carácter provisorio (30 a 60 días) y que tienen por objeto sacar a los chicos de una situación de riesgo hasta que puedan ser revinculados con su familia biológica.

Según los datos manejados por el Registro Estadístico Unificado de Niñez y Adolescencia, en la región de La Plata hay actualmente 110 chicos a quienes se les venció la medida de abrigo. En todos los casos se solicitó a la Justicia la extensión de los plazos para continuar con estrategias de revinculación familiar y restitución de derechos. De esos 110, 70 están en instituciones y otros 40 junto a referentes afectivos.

Cecilia Tomé, Directora Provincial de Promoción y Protección de Derechos de la secretaría de Niñez y Adolescencia indica que “una vez dictada la situación de abandono o adoptabilidad por parte del juez el trámite de adopción es rápido y esta adopción puede ser simple (manteniendo el vínculo con la familia biológica) o plena (sin mantenerlo). Para Tomé “una de las acciones que podrían contribuir a mejorar la vida de los chicos internados es concientizar a los operadores de niñez en que cuando no hay más nada para hacer en el trabajo de revinculación con la familia biológica hay que decirlo. Y asentarlo por escrito”.

Con todo, la situación no es nada sencilla y cada caso responde a características muy singulares y cruzadas por situaciones cada vez más complejas. Así lo indica María Marini, directora del hospital Noel Sbarra, ex Casa Cuna, donde lograron darle familias sustitutas a 109 chicos con problemas de salud como el Sida, los trastornos genéticos o los retrasos severos.

“Decretar la situación de adoptabilidad es una tarea muy delicada, a cargo de los jueces, en situaciones que se hace muy dificultoso normatizar, porque cada una responde a características propias, en el marco de un entramado que se complejiza por la aparición de nuevas problemáticas sociales, como las adicciones o el embarazo adolescente cada vez más temprano”, dice Marini.

Para Guillermo Vena, abogado especialista en adopción “conviene no perder de vista que lo prioritario es el bienestar de los chicos. Si bien las esperas son largas, la ley no consagra un derecho de los que quieren adoptar a que el Estado les resuelva su problema, sino que lo que se busca es dar un hogar sustituto a un chico en situación de abandono”.