Para pensar juntos: “No ser tacaños”

Hay personas que se plantean después de años de entrega, que no son felices, que nunca fueron felices.

Esto a lo mejor es verdad, a lo peor es verdad: No son felices, nunca fueron felices.

Y uno se pregunta: –¿por qué después de años de seguir al Señor, hay personas que pueden decir eso? Están como desanimadas, desangeladas.

Cuanto más generoso seas, por Dios, serás más feliz. El secreto de la felicidad es la generosidad.

Puede ser que esas personas no fueron generosas totalmente, y siguen sin estar de verdad entregadas. Cuando una persona se siente un poquito infeliz, es poco le falta un pelín de generosidad.

A veces nos encontramos con gente que es muy generosa con su dinero, con su tiempo e incluso con su vida.

También vemos personas que son tacañas: que se le pide mucho porque tiene mucho, y dan poco o no dan nada. Quizá no dan porque tienen poca confianza, a ver dónde va a ir a parar su dinero.

La gente que da es porque tiene fe, porque piensan que sobrenaturalmente es rentable dar. A todos les cuesta dar: pero unos dan y otros no dan. Y, normalmente, los que dan por compromiso dan poco.

Hay una viñeta de Mafalda muy gráfica. Está el pequeño Guille con su madre en el parque. Ella está sentada junto a una señora que tiene un paquete de galletas. La señora en cuestión saca una galleta de la caja y se la da a Guille, que la empieza a mirar.

Entonces la mamá le dice a Guille: –¿qué se dice? Y el pequeño mirando la galleta y la caja de la señora toda llena, le contesta: –¡rata!

Decíamos que detrás de la generosidad hay fe y hay fortaleza para desprenderse.

Por eso las personas infelices, suelen ser personas poco fuertes, flojitas –decimos– que esconden su falta de fe. Y por eso se hunden como San Pedro, cuando el viento le era contrario

Vamos a pedirle al Señor esas virtudes, para que nosotros: los que estamos aquí haciendo oración, que seamos generosos, no por compromiso, sino de corazón.