Huella Hídrica: la preocupación por el uso del agua se instala en la Provincia

Varios siglos antes de Cristo, el filósofo griego Tales de Mileto concluyó que “todo es agua”, una frase que puede interpretarse tanto en el sentido de que “el agua es el principio de todas las cosas” como que “todas las cosas están formadas por agua”. Cualquiera sea el caso, aquella idea se ajusta muy bien al concepto “huella hídrica”, un nuevo enfoque creado para enfrentar la crisis mundial que se avecina en torno a este recurso y que empieza a ser tema de preocupación también en nuestra Provincia.

El martes pasado -por iniciativa de la Universidad Nacional de La Plata, la Unión Industrial de la Provincia y la Federación de Trabajadores de Obras Sanitarias- académicos, empresarios y referentes gremiales se reunieron (acaso por primera vez a nivel local) para pensar juntos cómo aprovechar de la mejor manera posible nuestros recursos hídricos.

El encuentro, que se realizó en el anexo de la Cámara de Diputados en el marco de la Jornada de Huella Hídrica, partió de una misma preocupación: nuestra provincia enfrenta, por un lado, una demanda cada vez mayor de agua dulce, y una disponibilidad cada vez menor de ella, por el otro.

Lanzado hace una década desde la UNESCO, el concepto de “huella hídrica” se refiere al volumen de agua dulce que se consume tanto directa como indirectamente a través de productos que la incluyen en su cadena de suministros: desde un microchip a un bife de chorizo. Para ello se tienen en cuenta tanto el agua de lluvia que necesitan las plantas para crecer como el agua utilizada mayormente por la industria para mitigar los efluentes contaminantes de sus procesos productivos.

Si se tiene en cuenta que producir, por ejemplo, un kilo de azúcar insume en toda su cadena no menos de 1.800 litros de agua, la huella hídrica se impone en principio como un concepto que nos ayuda a visualizar la enorme cantidad de agua que consumimos a diario. Pero ya se trate de azúcar o de bulones, este nuevo enfoque convierte a su vez al comercio internacional en una gigantesca transferencia de agua en formas de bienes entre un país y otro, en un momento en que el agua se vuelve un recurso cada vez más preciado.

DIAGNOSTICO BONAERENSE

“Nuestra provincia tiene una disponibilidad natural de agua dulce muy importante, sobre todo subterránea. Pero esa ventaja tiene su correlato en el hecho de que genera una huella hídrica de mucho volumen. Esto se debe en gran parte a su producción agrícola, que representa cerca de un 70% del total, pero también a un uso industrial y doméstico donde no existe todavía suficiente consciencia sobre el cuidado del agua”, señala el profesor Mario Hernández, director de la maestría en Ecohidrología de la UNLP.

A su entender, esa falta de consciencia se observa tanto en el hecho de que “no se exija a la industria reciclar el agua de su procesos” como en “la falta de plantas de tratamiento de residuos cloacales que convierte al Río de la Plata (uno nuestros mayores recursos) en la cloaca de decenas de municipios”, menciona Hernández.

Con todo el mayor impacto en territorio bonaerense lo producen las actividades agropecuarias. “En nuestra provincia, donde la práctica del riego no es de uso masivo, la huella hídrica depende en gran medida del agua de lluvia utilizada por los cultivos”, comenta el ingeniero Raúl Rosa, profesor de la maestría en Economía Agroalimentaria de la UNLP.

Lo cierto es que nadie conoce todavía el alcance real de esa huella hídrica. Para ello, Rosa y otros investigadores de la facultad de Ciencias Agrarias se encuentran calculando el impacto de los cuatro productos con mayor incidencia en el valor de las exportaciones bonaerenses: el trigo, el maíz, el girasol y la soja. Su trabajo, realizado a instancias del Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible y con financiación del Consejo Federal de Inversiones, nos va a permitir disponer a fin de este año de los primeros datos propios.

La información que surja de ese estudio no sólo es muy importante porque nos ayudará a conocer mejor cómo utilizamos el agua en nuestra provincia y administrarla de una manera más eficiente, sino también “para establecer estrategias a nivel del comercio exterior de nuestros productos”, señala Rosa.

UNA REALIDAD, TRES MIRADAS

Si bien la Jornada de Huella Hídrica reunió a distintos sectores de la sociedad en torno a una misma preocupación (cómo gestionar mejor los recursos hidricos de nuestra provincia), las propuestas plateadas en ella no siempre encontraron miradas coincidentes. Tal fue el caso de Fondo Hídrico que la Federación Nacional de Trabajadores de Obras Sanitarias (FENTOS) propone crear como una forma de hacer frente al problema.

“Apenas el 9% del agua dulce que se usa en la Provincia está destinada al consumo humano, el resto se lo lleva la industria y el campo. Por eso creemos que ese 91% de agua buena que se usa para producir bienes tendría que aportar al menos un ínfimo porcentaje a un fondo que permita emprender obras estructurales para prestar un mejor servicio a la gente. Porque lo cierto es que hoy tenemos cerca de 3 millones de bonaerenses que no tienen agua corriente en sus casas”, explica Julio Castro, secretario General del Sindicato de Obras Sanitarias de la Provincia y miembro directivo de la FENTOS

La idea fue tomada con ciertos reparos desde el sector de la industria. “Estamos de acuerdo con incorporar un concepto nuevo como el de huella hídrica en el valor del agua, porque nos parece que es un concepto más completo, que además va a otorgarle una mayor racionalidad a su uso. Pero nos parece también que es muy importante evaluar la forma para que ese concepto sea aplicado de manera razonable, porque no todas las actividades productivas se valen del agua por igual: mientras algunas la utilizan como un insumo básico, otras la usan como refrigerante o casi no la usan”, sostiene Pablo Challú, el secretario de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires

El campo, por su parte, se manifestó totalmente en contra de la propuesta. “Los productos de origen agropecuario implican una huella hídrica muy alta porque se mide el agua de lluvia que requieren. Pero lo cierto es que el agua lluvia se consume igual ya haya un cultivo o haya yuyos. Por lo cual creemos que no corresponde tasarla como si fuera un insumo del productor rural. Antes que huella hídrica, preferimos trabajar sobre el concepto de uso eficiente; es decir, promover buenas prácticas para que se aproveche el agua de la mejor manera posible”, explica el ingeniero Sebastián Galbusera desde la asociación de empresarios agropecuarios AACREA.

Apenas el punto de partida para empezar a afrontar desde la Provincia uno de los mayores desafíos que plantea este siglo, la Jornada Huella Hídrica tuvo, más allá de propuestas puntales, un valor esencial: el haber reunido a distintos sectores de la sociedad para trabajar juntos en el cuidado de un recurso que ya posee un valor estratégico determinantes para el desarrollo nacional.

 

POR NICOLÁS MALDONADO