Nutrición de pasturas: la tecnología correcta aumenta la productividad.

Uno de los principales objetivos de los sistemas pastoriles es lograr la máxima cantidad de biomasa aérea por unidad de superficie, y que ésta sea de la mayor calidad posible. A su vez, todo productor busca que la producción sea sustentable en el tiempo y que la materia seca se encuentre disponible en las épocas de alta demanda, aún en condiciones climáticas no favorables. Para lograrlo es fundamental pensar en una estrategia de fertilización que incremente la producción de biomasa, la vida útil, la persistencia y la calidad de la pastura. Además la nutrición permite anticipar el rebrote, demorar la latencia y  recuperar pasturas degradadas.

Desde un punto de vista general un buen plan nutricional  disminuye el costo del forraje producido, mejora la eficiencia del uso del agua y de la radiación, y aumenta los niveles de producción futuros ya que se recuperan propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo.

Cabe aclarar que el éxito de un plan de fertilización parte de conocer la cantidad de nutrientes disponibles en los lotes en los que se está trabajando realizando un análisis completo de suelos.

Nutrientes claves:

Los tres principales nutrientes para pasturas son: fósforo, nitrógeno y azufre.

El fósforo cumple una función fundamental en el establecimiento y vida útil de una pastura, ya que permite un rápido crecimiento del follaje y desarrollo inicial de raíces. Este nutriente promueve el desarrollo radicular de tal manera que le permite a la pastura afrontar una situación de stress o en su defecto un pastoreo intenso. 

Para elegir un buen fertilizante fosforado se debe considerar su solubilidad (disponibilidad física) en suelo, su balance de nutrientes, su capacidad para promover un rápido crecimiento radicular, y si se trata de un fertilizante que contenga el fósforo en diferentes formas químicas (ortofosfato, polyfosfato, fosfato dicalcico) para asegurar una disponibilidad secuencial del nutriente.

El nitrógeno es el nutriente de mayor impacto en la producción de forraje. Las pasturas a base de leguminosas lo obtienen en parte mediante la fijación biológica, mientras que aquellas compuestas por gramíneas precisan de aportes de fertilizante para no disminuir la productividad.  

Si se busca el producto nitrogenado adecuado se debe evaluar su capacidad del fertilizante de estar rápidamente disponible para estimular el desarrollo inicial y lograr de esta manera anticipar el primer corte o pastoreo. Sería conveniente que el fertilizante contenga nitratos, ya que es la forma química de nitrógeno más rápidamente disponible. Los fertilizantes con nitratos, de alta disponibilidad como, posibilitan lograr un estímulo instantáneo en la producción de forraje para anticipar el rebrote bajo condiciones de baja temperatura o baja disponibilidad hídrica, y esto permitirá acortar el tiempo entre pastoreos sucesivos.  

Además es importante contar con la posibilidad de aplicarlo de diferentes maneras (voleado, incorporado a la siembra, re fertilización), lograr  bajo riesgo de fitotoxicidad y evitar las pérdidas por volatilización utilizando fuentes nitrogenadas que no produzcan amoníaco.

El azufre interviene en el metabolismo de las proteínas y es sinérgico con el nitrógeno. Las leguminosas son más exigentes que las gramíneas en este nutriente, pero igualmente es altamente probable que se obtenga una buena respuesta a la fertilización azufrada en todo tipo de pasturas.

Micronutrientes:

Si bien son requeridos en pequeñas cantidades, los micronutrientes son esenciales para los cultivos. Las leguminosas son exigentes en  boro, cobalto y molibdeno. Se han encontrado casos de muy buena respuesta a la fertilización con micronutrientes, ya que en los últimos años ha disminuido notablemente la cantidad de micronutrientes presentes en los suelos debido a la extracción por parte de los cultivos, y por la escasa o nula reposición.