Para pensar juntos: La más bella del mundo

¿Alguien le ha mirado durante más de una hora el dedo gordo del pie derecho a una supermodelo?

Ya puede ser una mujer de una belleza sin par que tras varios dias en los que toda la visión se centra en el dedo gordo, le encontraremos rápidamente los defectos.

Puede que el dedo esté ligeramente torcido, que la uña sea un poco larga, que tenga algún lunar, quizás una callosidad.

Quizás nos gusten sus ojos. Mucho. Y sea ese maldito dedo gordo del pie lo que nos estropea el disfrute de la visión de nuestra acompañante. En algunos momentos meteríamos cirugía a ese dedo para arreglar el estropicio que está creando.

Y en la distancia, viendo el conjunto, la globalidad, surge la belleza. Viendo todo el cuerpo podemos observar la armonía. Viendo la sonrisa, los ojos cogen más brillo. Viéndola caminar, los pies forman una armonía majestuosa.

Con la Iglesia ocurre igual. Llevamos muchos años cerrados en el mismo entorno, observando las mismas cosas. ¿A quién le meterías cirugía?. ¿A ese obispo jerarquizado y distante o a ese cura con sotana anclado en latinajos?. ¿Quizás a ese religioso de la teología de la liberación?. ¿A esos laicos ricachones e hipócritas o a esos que empiezan a adentrarse en doctrinas sospechosas?.

Si piensas así, estás simplemente mirando el dedo gordo de la modelo. Te estás enrabietando de pura ignorancia. Viaja, conoce, participa. Sal de tu mundo. Visita otras partes del cuerpo. Te sorprenderá su amplitud, que te desbordará, y no podrás abarcarla ni con tu mente ni con tu corazón.

Porque a la Iglesia hay que conocerla. Toda. En profundidad, comunión y participación.

Porque toda ella está tocada por lo humano y lo divino, y de ambos lados participa. Y Dios quiso que no se pudieran separar.

Ánimo con el viaje. Y házlo rápido, porque si piensas que alguien de esta maravillosa Iglesia sobra, te has quedado en el dedo, y estás perdiéndote a la más bella del mundo.